La Traición de los Salones: Por qué Venezuela no debe integrarse sin reparación previa |
En los últimos años, el debate sobre la inserción internacional de Venezuela ha estado secuestrado por una narrativa ingenua que confirma, una vez más, la máxima de que "no hay peor enemigo de un venezolano que otro venezolano". Mientras la patria sangra por las heridas de una década de agresión multifacética, un grupo de operadores políticos —muchos de ellos con aspiraciones presidenciales financiadas desde el exterior, otros con la desmemoria como virtud— insiste en la necesidad de ingresar a mecanismos de integración regional como el Mercosur o al bloque de los BRICS como si se tratara de un simple trámite diplomático.
Quienes promueven esta agenda cometen un error de cálculo estratégico que raya en la traición a los intereses nacionales. No se trata de un "anti-integracionismo" per se, sino de un principio elemental de dignidad estatal: Venezuela no debe, bajo ninguna circunstancia, ingresar a ningún organismo de integración —sea Mercosur, BRICS o cualquier otro— sin que antes los países responsables del daño patrimonial, político y moral paguen la factura completa de sus agresiones, incluso con esta crisis energética provocada por EEUU-Israel vs. Irán, el que quiera petróleo sea el precio que fuere a apagar, primero deben hacer ese pago antes de enviarse la primera gota de petróleo o de cualquiera de sus derivados, ejemplos: gas, fertilizantes, etc. De no hacerse así, el gobierno estaría traicionando a la nación entera. Debemos de dejar a tras el país colaborador tipo PetroCaribe o la nación que por años tuvo una chequera suelta y loca con países de los que se llamó la Comunidad Andina de Naciones, ni volver a las facilidades de Chávez con Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. Recordemos como nos pagaron una vez falleció Chávez.
La historia reciente es tozuda y debe ser recordada con la crudeza que exige la verdad. El Mercosur, en particular Brasil bajo el mandato de Michel Temer (hay que incluir a Lula también), Macri-Milei en Argentina, Santo-Duque (y a Petro por su guabineo permanente) en Colombia, para mencionar los más representativos, y luego con la complicidad de sectores del establishment, fue el escenario donde se fraguó el desconocimiento del gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro. Los países que hoy pretenden estrechar la mano de Venezuela en los salones de la cancillería son los mismos que avalaron la figura grotesca de los "gobiernos paralelos", financiaron la fuga de activos y, lo más grave, legitimaron el expolio de los bienes de la nación.
Antes de que un solo funcionario venezolano se siente a negociar el reingreso al Mercosur, estos países —Brasil,........