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El Nudo Gordiano: La oportunidad en la encrucijada

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31.03.2026

En la mitología clásica, Gordio, un humilde campesino convertido en rey de Frigia, ató su carro al yugo con un nudo tan complejo e inextricable que un oráculo decretó que quién lo desatara sería dueño de Asia. Alejandro Magno, ante la imposibilidad de desenredarlo, desenvainó su espada y lo cortó de un tajo, revelando que a veces las grandes crisis no se resuelven con paciencia, sino con audacia que aprovecha las debilidades del adversario. Hoy, la República Bolivariana de Venezuela, bajo la conducción de Delcy Rodríguez, se enfrenta a su propio "nudo gordiano": un cerco de sanciones, presiones e imposiciones orquestado desde Washington, que busca doblegar su soberanía y arrebatarle el control de sus recursos. Sin embargo, la paradoja de la historia es que los mismos Estados Unidos, en su arrogancia imperial, se han enredado en una guerra en Irán que les ha sangrado sus recursos, desnudado sus debilidades y creado las condiciones propicias para que Caracas pueda dar un golpe de espada estratégico que no solo defienda su independencia, sino que la reafirme en el escenario mundial.

La coyuntura actual es, para decirlo sin eufemismos, un parteaguas geopolítico. Desde el 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron la "Operación Furia Épica" contra Irán, con la supuesta intención de ejecutar un golpe decapitador que llevaría al colapso del régimen de los ayatolás. La apuesta de Donald Trump era una guerra relámpago. La realidad, a más de un mes de iniciadas las hostilidades, es otra. Irán no solo ha resistido, sino que ha impuesto un costo de desgaste que está poniendo en jaque la maquinaria militar y económica de la superpotencia norteamericana. Este escenario, lejos de ser un conflicto lejano, es el telón de fondo indispensable para entender la encrucijada y las oportunidades que se abren para Venezuela.

La Guerra de los Imperios Contra la Pared. El "nudo gordiano" de Washington es, en esencia, su propia contradicción. Han atacado a Irán creyendo que su poderío militar era incuestionable, pero se han topado con la estrategia de la asimetría. La República Islámica, con una inteligencia geopolítica milenaria, ha desplegado su principal arma, el control del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Al cerrar este grifo, Irán ha logrado lo que ninguna potencia rival había conseguido en décadas, paralizar la economía global y exponer la fragilidad de la cadena de suministro energético que sostiene el orden mundial.

Los costos para Estados Unidos han sido catastróficos. Como lo ha señalado con claridad meridiana Leon Panetta, ex director de la CIA y ex secretario de Defensa, la administración Trump se encuentra en una situación sin salida. Panetta, una voz autorizada de la inteligencia norteamericana, ha denunciado que la Casa Blanca subestimó la capacidad iraní para cerrar Ormuz, un escenario discutido en cada reunión de seguridad nacional de las últimas décadas. "Ahora están enfrentando las consecuencias, y no tienen una estrategia de salida más allá de los deseos ilusorios", sentenció Panetta, añadiendo con una dureza inusual que Trump actúa como un niño que repite cosas hasta que suceden, pero que "eso no es lo que hacen los presidentes". Esta guerra ha dejado al descubierto la sobre-extensión del imperio. Las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos y sus aliados se están agotando a un ritmo insostenible, y los precios del crudo se han disparado buscando los 150 dólares por barril o más en la medida que la guerra se extienda. Pero más allá del costo económico, hay un costo político y militar, el Pentágono ha tenido que replegar sus fuerzas a bases más distantes, sus sistemas de defensa antimisiles han sido dañados y el mito de la invencibilidad tecnológica estadounidense/israelí han sido heridos de muerte en el campo de batalla del desgaste.

Tres Voces desde el Oriente: Lecciones para Venezuela. En este contexto de crisis hegemónica, resulta esclarecedor escuchar las voces de intelectuales y analistas de las naciones que, como Irán, China y Rusia, han sido objetivos de la política de máxima presión de Trump. Sus opiniones no son meras especulaciones; son análisis de quienes han aprendido a navegar en un mundo donde Estados Unidos ya no es el árbitro único, sino un actor más, acorralado por sus propias contradicciones.

Desde Rusia, aunque las reacciones oficiales han sido medidas debido a la prioridad del Kremlin en Ucrania, analistas de instituciones como Chatham House han delineado una conclusión fatal para Washington: la era de la impunidad ha terminado. Señalan que, aunque Moscú no pudo evitar el secuestro de Nicolás Maduro en enero, la guerra en Irán demuestra que la apuesta de Trump por un orden global basado en la fuerza bruta es insostenible. Rusia observa cómo Estados Unidos, al violar el derecho internacional en Venezuela e Irán y en muchos otras naciones, ha erosionado las normas que lo contenían, creando un vacío de poder donde naciones como la propia Venezuela pueden operar con mayor margen de maniobra.

La visión desde China es aún más incisiva. Un análisis publicado por China-US Focus describe la intervención en Venezuela como un campo de batalla donde Washington intentó, sin éxito, expulsar la influencia china. Sin embargo, la guerra en Irán ha cambiado las reglas del juego. Mientras Estados Unidos se desangra en el Golfo Pérsico, China mantiene su estrategia de largo plazo. Como señala el análisis, la respuesta de Pekín no es confrontación directa, sino paciencia estratégica. China ya ha asegurado la exención para sus petroleros en el Estrecho de Ormuz y continúa fortaleciendo sus relaciones energéticas con Venezuela, demostrando que el "dólar por petróleo" ya no es el único juego en la ciudad. Para los analistas chinos, la lección es clara, la diversificación de alianzas y la apuesta por un orden multipolar son los mejores antídotos contra el unilateralismo estadounidense.

Desde Irán, la voz que resuena es la de la resistencia activa. Hombres como Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del parlamento iraní, han declarado sin titubeos que las infraestructuras energéticas de los países que apoyan a Estados Unidos son objetivos legítimos y que el cierre de Ormuz es irreversible hasta que se respete la soberanía iraní. Esta postura no es fanatismo, es una lección de geopolítica para el mundo, la seguridad energética global es una responsabilidad compartida, y ningún país puede sentirse a salvo mientras permita que una potencia occidental decida unilateralmente quién tiene derecho a explotar sus recursos y quién no. La firmeza iraní es un espejo donde la Venezuela de Delcy Rodríguez debe mirarse.

Poesía y Filosofía: Tres Citas para un Mismo Coraje. Para comprender la profundidad de este momento, la literatura y la sabiduría ancestral ofrecen claves que el análisis político frío a menudo omite. No es casualidad que las culturas de Irán, China y Rusia posean tradiciones poéticas que hablan directamente a la realidad de la resistencia ante la adversidad.

Del gigante ruso, Fiódor Dostoyevski, escritor y filósofo, dejó una sentencia que bien podría aplicarse al proceso venezolano: "El poder no se da, se toma". En el contexto actual, esta frase adquiere una dimensión crucial. Venezuela, tras el secuestro de su presidente legítimo Nicolás Maduro, no esperó que el poder le fuera devuelto por sus agresores. Por el contrario, la institucionalidad se recompuso, y figuras como Delcy Rodríguez asumieron el mando con una legitimidad que la comunidad internacional y Washington ha sabido reconocer. La frase de Dostoyevski nos recuerda que la soberanía es un acto de afirmación constante, no una concesión. Solo falta mostrar su independencia antes las imposiciones imperiales.

Desde la milenaria China, el filósofo Sun Tzu en "El Arte de la Guerra" nos legó un principio fundamental: "Conócete a ti mismo, conoce a tu enemigo y podrás librar cien batallas sin peligro de derrota". La actual administración venezolana tiene un conocimiento profundo de su enemigo: sabe que Estados Unidos busca sus recursos, su posición geográfica y la ruptura de sus alianzas estratégicas. Pero también conoce sus propias fortalezas, el coraje de su pueblo, la fidelidad de su Fuerza Armada Nacional Bolivariana y, crucialmente, las debilidades de un imperio atrapado en dos frentes de guerra (Ucrania e Irán) y con una economía tambaleante.

Finalmente, de la tradición persa, el poeta Hafez de Shiraz escribió: "La sombra de la duda es la prisión del alma. Lanza tu luz y rompe las cadenas". Esta cita es un llamado a la acción audaz. Durante años, la narrativa hegemónica intentó instalar la duda sobre la capacidad de Venezuela para resistir. Hoy, la luz que irradia desde Teherán, Pekín y Moscú, sumada al fracaso militar estadounidense en el Golfo, rompe esas cadenas psicológicas. La duda de si el imperio era invencible ha sido disipada por los hechos, nos hace falta dar el primer paso ante esta adversidad y coyuntura actual.

Delcy Rodríguez: Desatando el Nudo Venezolano. Es en este preciso instante, cuando Estados Unidos está acorralado, sangrando recursos y con su credibilidad militar en entredicho, que la presidenta ejecutiva y líder de la transición, Delcy Rodríguez, debe ejecutar su propio "tajo de Alejandro". Las ventajas son múltiples y deben ser aprovechadas con la audacia que la historia exige.

En primer lugar, la crisis energética global provocada por el cierre de Ormuz ha convertido a Venezuela en un activo de valor estratégico incalculable. La Casa Blanca, necesitada de petróleo para estabilizar precios internos de la gasolina que rozan los 5 dólares por galón en unos estados y casi 8 en otros, se encuentra en una posición de debilidad extrema. Ya no puede imponer condiciones con la misma fuerza que antes. Es el momento de exigir el levantamiento de las sanciones ilegales como condición para cualquier cooperación en el mercado energético. Venezuela tiene el petróleo que el mundo desesperadamente necesita, y ese es un poder de negociación que no debe ser desperdiciado.

En segundo lugar, la guerra ha fracturado la alianza entre Estados Unidos y sus socios europeos y asiáticos. Países como Japón, Corea del Sur e India están sufriendo las consecuencias del conflicto, de los países europeos ni se diga, del resto de los países del Sur Global sufren las consecuencias de una guerra que ni provocaron ni apoyan ni son parte. Venezuela puede y debe ofrecer un puente energético estable, diversificando sus socios comerciales más allá del eje tradicional. La estrategia debe ser una diplomacia petrolera activa, ofreciendo contratos justos y estables a naciones que buscan independizarse de la volatilidad impuesta por Washington.

En tercer lugar, la resistencia iraní ha demostrado que la disuasión funciona. Venezuela debe fortalecer su alianza con Teherán, no solo en el ámbito petrolero, sino en materia de defensa y tecnología. Si Irán ha logrado resistir la embestida de EE.UU con una estrategia de asimetría, Venezuela puede aprender y adaptar esas lecciones a su realidad geográfica, reforzando su disuasión ante cualquier intento futuro de agresión militar.

En el ámbito interno, la conducción de Delcy Rodríguez debe traducir esta nueva posición internacional en estabilidad. La legitimidad no se reclama solo en foros internacionales, sino en la calle. Es necesario un plan económico que, aprovechando la relativa escasez de oferta mundial y los altos precios del crudo, reactive la producción nacional y garantice la protección social del pueblo venezolano, que ha sido el principal soporte de esta resistencia durante años. La frase "basta ya de las órdenes de Washington", que Delcy Rodríguez ha pronunciado ante los trabajadores petroleros, debe ser la consigna que guíe un nuevo ciclo de prosperidad nacional.

Para finalizar: La Espada y el Legado. El "nudo gordiano" que la Casa Blanca intentó imponer sobre Venezuela se ha desatado por su propia ineptitud. Al abrir un frente de guerra contra Irán, Donald Trump cometió el error estratégico de sobreestimar su poder y subestimar la capacidad de resistencia de los pueblos que buscan su autodeterminación. La guerra en el Golfo Pérsico ha sido un revelador, ha mostrado al mundo que Estados Unidos puede sangrar, que su economía es vulnerable y que su palabra, al violar sistemáticamente el derecho internacional, ha perdido toda autoridad moral.

Para Venezuela, esta es la hora de la oportunidad. Delcy Rodríguez tiene en sus manos la espada para cortar de raíz las pretensiones imperiales. Pero debe hacerlo con la sabiduría de Sun Tzu, la firmeza de Dostoyevski y la luz de Hafez. La tarea es monumental, reafirmar la soberanía energética, diversificar alianzas internacionales para construir un mundo multipolar, y demostrar que la independencia política es el camino para resolver los problemas económicos internos.

La historia no será indulgente con quienes se arrodillan ante el imperio, pero será generosa con quienes, en medio de la adversidad, sepan leer el momento histórico y actuar con coraje. Venezuela ha pagado un alto precio por su dignidad. Ahora, cuando las cadenas del imperio muestran sus eslabones más débiles, no hay excusa para no romperlas. El nudo gordiano está a punto de ser desatado; solo falta la mano firme que ejecute el golpe. Esa mano, hoy, debe ser la de la dirigencia venezolana, guiada por el interés supremo de la nación y la certeza de que la justicia internacional, aunque tarda, termina por imponerse cuando los pueblos se mantienen unidos.

De un venezolano, hijo de la Patria del Libertador Simón Bolívar.


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