El necrofílico discurso de Trump: El uso de los sentimientos

Hay una imagen que debería quedar grabada en la memoria colectiva: un hombre de 78 años, frente al Congreso de los Estados Unidos, leyendo de un teleprompter como si su vida dependiera de ello, mientras sus asesores contienen el aliento esperando el momento en que decida saltar del guión y sumergirse en el abismo de su propia divagación. Esa imagen es Donald Trump. Y lo que ofreció en su reciente discurso no fue un mensaje de estado, sino una sesión de necrofilia política: un acto de amor enfermizo por un cadáver —el de la democracia— al que intenta reanimar mediante electrochoques retóricos y mentiras piadosas.

El espectáculo comenzó, como siempre, con una contradicción que los comentaristas políticos prefieren ignorar por temor a sonar quisquillosos. Durante años, Trump se burló de Barack Obama por su dependencia del teleprompter. "Tenemos un presidente teleprompter", decía en 2015, con esa sonrisa de suficiencia que tan bien le funciona con su base. Ironías del destino: hoy, el mismo hombre que arrojó un teleprompter desde un escenario en 2016 —rompiendo el cristal frente a una multitud eufórica— no puede articular una sola frase coherente sin la asistencia tecnológica de un operador que debe navegar sus "acrobacias oratorias" como si pilotara un avión en plena tormenta.

El operador de teleprompter de Trump, Gabe Pérez, contratado después de una búsqueda en Google, tiene probablemente el trabajo más ingrato de la Casa Blanca. Debe sincronizar el flujo errático de una mente que salta de los molinos de viento a Hannibal Lecter, de las lanchas de la Armada a los aranceles chinos, y esperar que al final todo "vuelva a unirse brillantemente", como Trump promete con esa mezcla de autocomplacencia y delirio que sus asesores llaman "el tejido”. Los profesores de inglés, dice Trump, le han asegurado que ese estilo es "lo más brillante que jamás han visto”. Uno sospecha que esos profesores deben existir en la misma realidad paralela donde los aeropuertos fueron ocupados durante la Guerra de Independencia.

La Farsa del Pacificador

Pero vayamos a lo sustancial. Trump se presentó ante el Congreso como el gran pacificador, el hombre que detendrá las guerras, el estadista que traerá la paz al mundo. La audiencia, disciplinada, estalló en aplausos. Sin embargo, basta un mínimo ejercicio de memoria para desmontar esta farsa. Durante su primer mandato, Trump ordenó........

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