La Inquisición Neoliberal: "Caza Fascistas" y la Persecución del Disidente “Rojipardo” |
La emergencia de figuras como Steven Forti y Pablo Batalla como "caza fascistas" o "vigilantes de la ultraderecha" en el panorama político y mediático español no es un fenómeno casual, sino un síntoma de una transformación profunda en las lógicas de poder dentro de lo que nominalmente se denomina izquierda. Su "vena inquisitorial", como se ha descrito, no brota de un impulso revolucionario genuino, sino de un mandato sistémico más sutil y pernicioso: el de policía ideológico del capitalismo neoliberal avanzado, utilizando un lenguaje progresista para eliminar disidencias que amenazan su hegemonía cultural. Para comprender este fenómeno, es imprescindible desentrañar el significado real del término "rojipardo" y la guerra que se libra contra él.
El "rojipardo" no es, en su esencia, un fascista encubierto. Es, por el contrario, la etiqueta despectiva empleada para designar a aquel sector de la izquierda tradicional –marxista, republicana, popular, anticapitalista, que se mantiene fiel a un análisis de clase y a la soberanía política nacional, y que, por ello, rechaza con profundo asco la deriva wokismo como eje de la lucha política. Este rechazo no es una mera discrepancia táctica; es un conflicto ontológico. El wokismo, efectivamente, es profundamente anglosajón en sus referentes filosóficos (la teoría crítica posmoderna de campus estadounidenses), en su lenguaje (el "privilegio", la "interseccionalidad", el "lenguaje inclusivo") y en su praxis política (la política de la identidad como motor principal). Su función, aunque se vista de radical, es........