La “mona”, el “simio” y la Sayona: el racismo como política de exportación…

"Quien siembra vientos, cosecha tempestades; pero quien siembra rumores, cosecha cadenas." ANACLETO

El ventilador del techo giraba con una lentitud de enfermo, como si el calor de Maracaibo hubiera decidido mudarse a Madrid. En El Bohemio, el silencio era solo interrumpido por el tintineo de las cucharillas contra las tazas de marroncito. Anacleto estaba de pie, con su viejo portafolio de cuero bajo el brazo, y miraba el mapa de Venezuela clavado en la pared, justo al lado del afiche descolorido de la Chinita. De pronto, la puerta de madera crujió. Entró el pichón de periodista, con la libreta en la mano, el sudor en la frente y los ojos más abiertos que de costumbre. Se quitó la mochila, la colgó en el respaldo de una silla y se sentó sin pedir permiso. Carmen le sirvió un café negro sin que lo pidiera. Ella ya sabía que cuando el muchacho llegaba así, era porque algo olía a pólvora.

«Anacleto», dijo el pichón, sin siquiera saludar, «acabo de ver los videos de Madrid. ¿Usted sabe lo que hicieron? ¿Lo que gritó ese cantante?»

Anacleto se ajustó los lentes de carey, se sentó lentamente y encendió un cigarrillo. Dejó que el humo subiera hasta el ventilador, que lo deshizo en espirales invisibles.

«Siéntese, camarita. Ya lo vi. Y no solo lo vi: lo he estado desenterrando con elegancia de poeta, mientras usted dormía. »

La profesora, que hojeaba un libro de Galeano en la mesa del fondo, levantó la vista. El coronel retirado dejó el periódico sobre la mesa. El viejo periodista, que siempre fingía no escuchar, se acercó dos centímetros más.

Anacleto dio una calada honda y soltó la primera frase del día: «Lo que pasó ayer en Madrid, camaritas, no fue un accidente. Fue la foto del alma de una oposición que lleva veinticinco años fracasando porque no ha querido entender que Venezuela no es blanca, ni rubia, ni europea. Venezuela es zamba, es negra, es india, es "tierrúa". Y ellos, los que gritaron "¡fuera la mona!", no le tienen miedo a Delcy Rodríguez. Le tienen miedo al espejo. »

«Camarita», dijo Anacleto, con la voz firme. «Eso podemos llamarle "La ceguera del autoexiliado". Usted busca el momento en que el discurso oficial se enfrentó de lleno a la carga racista y clasista de la élite de principios de siglo. No es una entrevista cualquiera, es el documento donde se definió, casi por accidente, el ADN político de la Revolución Bolivariana en su primera etapa. Aquí tiene la ficha del desenterrado, sacada directo de los archivos de la prensa internacional:» dijo con la calma de quien sabe que va a mostrar algo que podía cambiar ideas. «El Encuentro: La Entrevista al Presidente Hugo Chávez en junio 2000. Recuerden esa fecha porque fue un encuentro de alta tensión, en que el clima político en Venezuela estaba muy caldeado y la prensa internacional buscaba entender el fenómeno Chávez, a menudo bajo la lupa de los prejuicios de la época.»

La profesora, con esa muestra de conocimientos políticos soltó: «Sí… esa entrevista con el veneno en las palabras de la pregunta. Es esa, ¿no?» Anacleto asintió con la cabeza y continuó: «La periodista, en un intento por confrontar al mandatario con la realidad del rechazo que sentían los sectores de clase media y alta hacia su figura, le lanzó la interrogante sobre los insultos que circulaban en los medios de comunicación, en las fiestas de la élite y en los pasillos del poder:» levantó la cara, nos miró y como tratando de imitar a la periodista soltó: «¿Me permite… yo le voy a leer con todo respeto algunos de los términos que he oído y que he visto con los cuales se refieren a usted? Le dicen, por ejemplo, "simio", le dicen "negro bembón", le dicen "bruto". ¿Qué piensa?»

El viejo periodista, con esa sapiencia que dan los años en la profesión intervino: «Ah, sí, ya recuerdo. La tipa se quedó pasmada con la respuesta, porque no esperaba que el........

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