La herencia de Maduro: del aprendizaje al martirio, la farsa de un juicio ilegal…
«El sol no se tapa con un dedo, camaritas. Y la verdad, como la luz del amanecer, siempre termina por abrirse paso entre las sombras.»
El Bohemio tenía ese olor a café recalentado y a verdad que se abre paso. Y mientras en Venezuela se discute sobre las "conversaciones" con integrantes de la extinta Asamblea Nacional del 2015, sobre la mesa del rincón, Anacleto había desplegado tres documentos: el artículo del 2013 sobre la herencia de Maduro, el análisis del tratado de extradición de 1922, y mi conversación con Venice. A su alrededor, yo siempre a su lado, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista, Carmen y el pichón de periodista esperaban. Ni el sindicalista ni el obrero habían llegado, pero en una mesa cercana, un grupo de desconocidos esperaban atentamente el conversatorio del día.
El pichón de periodista fue el primero en hablar. «Anacleto, esto es confuso. Dicen que Maduro será liberado gracias a un tratado de 1922. ¿Es cierto? ¿O es otro cuento?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que la verdadera política no se entiende con el corazón, sino con la cabeza fría. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, lo que está en juego no es si Maduro será liberado o no. Lo que está en juego es si el imperio respetará sus propias leyes. El reconocido escritor y abogado Michael Rips destapó un detalle lapidario: el tratado de extradición firmado entre Estados Unidos y Venezuela en 1922 establece que toda diferencia sobre la interpretación o ejecución del tratado debe resolverse mediante arbitraje internacional. Y esto se ha convertido, para el equipo de Pollac, en un arma legal inesperada, una "bala de plata" que la fiscalía no esperaba.» Le dio una calada al cigarrillo y trató de hacer aros con el humo al exhalarlo, pero sino lograrlo y continuó: «Si el juez Hellerstein respeta la ley, está obligado a suspender el proceso y derivar la disputa a un panel de árbitros independientes. Ignorar este mandato equivaldría a pisotear la propia legalidad internacional para legitimar un secuestro político ordenado desde la Casa Blanca.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó una copia del tratado. «El argumento es sólido. La jurisprudencia de la propia Corte Suprema Estadounidense respalda esta exigencia legal. Durante más de un siglo, el máximo tribunal ha determinado que nadie puede ser enjuiciado vulnerando las cláusulas de un tratado de extradición. El precedente de 1886 en el caso contra Roger es claro: juzgar a un ciudadano por delitos distintos a los estipulados en el acuerdo bilateral es ilegal.»
Uno de los desconocidos de la mesa cercana, con una libreta en la mano, intervino con voz firme. «Pero señor Anacleto, ¿y el paralelismo con Noriega? Dicen que es el mismo caso.»
Anacleto soltó una carcajada breve, seca, sin alegría. «Camarita, no existe ningún tipo de paralelismo con el caso de Noriega porque Noriega nunca había sido reconocido como Jefe de Estado de Panamá ni bajo la Constitución panameña ni por los Estados Unidos. En cambio, Maduro fue acreditado por el Consejo Nacional Electoral,........
