Cuando el fracaso es más peligroso que la derrota: Venezuela y la grieta en el mito imperial…

«Los imperios no temen a los enemigos fuertes; temen a los ejemplos que sobreviven. Porque un ejemplo vivo enseña más que cien ejércitos derrotados.»

ANACLETO

El Bohemio, esa hora en que la mañana empieza a confesarse. El ventilador giraba con un ritmo distinto hoy, no el lamento habitual, sino algo parecido a un tictac histórico. Sobre la mesa no había periódicos de hoy. Había cuatro décadas de titulares apilados como un acusatorio mudo: 1999, 2002, 2019, 2025. Cada uno prometía lo mismo: «El fin del chavismo». Cada uno mentía. Anacleto no miraba los titulares. Miraba el espacio entre ellos, ese vacío donde la historia real se escribe mientras las portadas gritan. El pichón de periodista señalaba una gráfica en su tableta. «Veinticinco años, Anacleto. Un cuarto de siglo desde que Chávez…» «No, hijo,» lo interrumpió Anacleto, sin levantar la vista de su taza. «No son veinticinco años desde… Son veinticinco años de: de insistencia, de terquedad imperial, de esa obsesión que solo nace cuando el poder descubre, con pánico, que alguien le dijo no y se atrevió a mantenerse en pie.» Encendió un cigarrillo. El fosforazo iluminó sus ojos cansados, pero no derrotados. «Washington no intentó derrocar a un gobierno, camarita. Intentó derrocar un verbo: El verbo resistir… Y fracasó. Pero en su fracaso, hizo algo peor: escribió un manual.» La profesora, desde su mesa junto al ventanal, intervino con esa voz que siempre parece venir de una biblioteca silenciosa: «Dicen que es un estado fallido. Que se sostiene artificialmente.» Anacleto sonrió. Era una sonrisa sin alegría, la del que ha desmontado demasiados engaños. «¿Fallido? Quizá. ¿Artificial? Todo lo contrario.» Golpeó suavemente la pila de periódicos. «Lo artificial fueron estos titulares. Lo real es que ahí fuera, en las calles que ellos no caminan, en los barrios que no visitan, algo o alguien aguantó. Y aguantar, cuando todo el peso del imperio cae sobre ti, no es artificialidad. Es terquedad geológica.» El coronel retirado removió su café. Tenía la expresión del militar que sabe que las guerras no se ganan solo con balas. «Pero el costo… la economía destrozada, la diáspora…» «¡Claro que hubo costo!» Anacleto apagó el cigarrillo con movimientos precisos. «Pero es la aritmética del mito desinflado, La pregunta no es si hubo sufrimiento. La pregunta es: ¿para qué sirvió? Si el objetivo era el cambio de régimen, el sufrimiento fue inútil. Y si el objetivo era solo causar sufrimiento… bueno, entonces admitamos que la política exterior estadounidense se redujo a sadismo con sello oficial.» Hizo una pausa. El silencio en el Bohemio era elocuente. «Galeano lo describió mejor: "El subdesarrollo no es una etapa del desarrollo; es su consecuencia". Nuestro subdesarrollo actual es consecuencia directa de un........

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