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Se me cayó la cédula

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23.09.2019

Decía Voltaire que no sabía de dónde venían las ideas. Mucho menos debía saber dónde se van cuando uno las tiene en la punta de la lengua y escapan antes de que haya sido posible prontuariarlas. Uno podría pensar que escapan las ideas bobas, banales, necias, los lugares comunes, las faltas de originalidad, pero mirando el excesivo número de éstas que permanecen en la mente comprenderá que quedan fijas hasta convertirse en obsesiones, principios o paradigmas. Las que se fugan son las brillantes, porque uno jamás las encuentra cuando las necesita, cuando quiere quedar bien en una controversia o sea un intercambio de insultos. Allá van las ideas escapadas sin papeles, indocumentadas, cursando las clandestinidades de la informalidad o los caminos verdes de lo ilegítimo. Dicen unos que se reúnen en cumbes o rochelas, como esclavos fugados; otros que se esconden en el subconsciente para tomar el mundo por asalto disfrazadas de sueños. Progresivamente el mundo se divide entre campamentos de ideas luminosas cuyo brillo no percibe nadie y mentes vacías que han dejado escapar sus iluminaciones. Quería yo en este párrafo resolver el enigma del mundo y no me vinieron más que algunos recuerdos que no por antiguos dejan de ser triviales.

DE TODO, COMO EN QUINCALLA

Ya casi no existen las quincallas, aquellas tienditas por lo regular situadas en la sala de una casa, donde había de todo, como en quincalla. La quincalla era una especie de juguetería para señoras y para........

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