Por qué Milton Friedman no sirve en la era del Sol

Durante años nos dijeron que el mercado lo resolvería todo.

Que bastaba con dejarlo libre.

Que la mano invisible ordenaría el caos.

Que la eficiencia económica era suficiente para garantizar el bienestar.

Ese fue el legado de Milton Friedman.

Y hoy… ese legado hace agua.

Porque mientras el mercado calcula, el planeta se calienta.

Mientras el mercado optimiza, la gente se queda sin luz.

Mientras el mercado espera rentabilidad, la crisis avanza.

Seamos claros: el mercado no está resolviendo el problema energético. Lo está administrando. Lo está prolongando. Y en muchos casos, lo está agravando.

Muy simple. Friedman pensó la economía desde la escasez. Un mundo donde los recursos son limitados, donde todo tiene precio, y donde el acceso depende de la capacidad de pago.

En ese mundo, la energía es una mercancía más.

Y bajo esa lógica, incluso las energías limpias quedan atrapadas: no avanzan porque sean necesarias, avanzan si son rentables.

Por eso la transición energética es lenta.

Por eso deja a millones atrás.

No por falta de tecnología.

Por exceso de mercado.

Pero hay algo que este modelo no puede controlar.

El Sol no cotiza en bolsa.

No responde a la oferta y la demanda.

Y eso lo cambia todo.

Porque cuando la energía puede generarse desde cada techo, desde cada casa,

desde cada comunidad…

el mercado deja de ser el centro.

Ya no hablamos solo de consumidores. Hablamos de ciudadanos que producen.

Y cuando eso ocurre, el poder cambia de manos.

Sin ideologías impuestas.

Solo por una razón: la tecnología lo permite.

Aquí es donde el discurso de Friedman se queda sin respuesta. Porque su modelo necesita escasez para funcionar.

Necesita intermediarios.

Necesita dependencia.

El Solarismo no pide permiso al mercado. No espera rentabilidad. No negocia con la escasez. La supera. Y cuando la escasez deja de ser el eje… todo el edificio teórico se tambalea. Entonces ya no importa tanto si el mercado es más libre o más regulado.

Porque la pregunta de fondo cambia:

¿por qué seguimos dependiendo de un sistema

que distribuye lo escaso,

cuando podemos construir uno basado en lo abundante?

Esa es la verdadera ruptura.

No es ideológica. Es estructural. Y en ese nuevo escenario, el mercado no desaparece… pero deja de mandar. Porque cuando la energía está en manos de todos, el poder deja de concentrarse. Y cuando el poder se descentraliza… la libertad deja de ser un discurso y se convierte en una realidad.

Milton Friedman explicó el mundo que fue.

Pero no puede explicar el mundo que viene.

Porque ese mundo… no se construye desde el mercado.

Se construye desde la luz.


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