La soledad de no sentirse escuchado

Hay una forma de sufrimiento que no siempre se ve. No hace ruido. No aparece en estadísticas. Pero pesa.

 

Es la soledad de no sentirse escuchado.

 

En Venezuela, esa soledad se ha vuelto estructural. No es un momento, no es una crisis pasajera. Es una condición que se ha extendido por más de dos décadas, especialmente en torno a uno de los elementos más básicos para la vida moderna: la electricidad. Porque cuando falla la electricidad, no falla solo un servicio. Falla la cotidianidad. Falla la posibilidad de planificar. Falla la tranquilidad.

 

Millones de venezolanos viven hoy en una incertidumbre constante, marcada por apagones recurrentes que no son eventos aislados, sino parte de una crisis prolongada del sistema eléctrico. En regiones como el Zulia, recientemente los cortes han apagado por completo al Estado, afectando la vida familiar, el trabajo y la economía.

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