El gran presente de la civilización
La humanidad ha vivido obsesionada con el futuro. Con las promesas del progreso, con las utopías, con los colapsos anunciados, con las salvaciones tecnológicas. También ha vivido anclada en el pasado. En las nostalgias, en las tradiciones, en las culpas históricas, en las glorias perdidas. Pero el presente, ese instante fugaz entre lo que fue y lo que será, casi nunca ha sido el protagonista de nuestra atención.
El siglo XXI está cambiando eso. No por sabiduría, sino por necesidad. Porque el presente se ha vuelto demasiado denso, demasiado urgente, demasiado decisivo como para ser ignorado. La crisis climática no es una amenaza futura. Ya está aquí. La desigualdad no es una tendencia. Es una realidad cotidiana. La crisis energética no es una advertencia. Es un hecho que encarece la vida de millones. El presente se ha vuelto, por primera vez en la historia, el territorio de la decisión civilizatoria.
Toda civilización ha sido moldeada por su fuente de energía. El carbón, el petróleo y el gas nos dieron el siglo XX, pero también nos ataron a una lógica de extracción y agotamiento. Esa lógica produjo un presente de urgencia: el carbono que........
