El extractivismo no es una tecnología: es una geometría
Durante siglos hemos buscado el origen del extractivismo en aquello que se extrae: oro, petróleo, carbón, litio, madera. Hoy debemos añadir los minerales estratégicos y los datos que alimentan la economía digital. Hemos cambiado los materiales, perfeccionado las herramientas y multiplicado nuestra capacidad de intervenir en la naturaleza. Sin embargo, persiste una pregunta esencial: ¿quién decide cómo se extrae, quién recibe los beneficios y quién soporta las consecuencias? Quizás hemos definido mal el problema. El extractivismo no es solamente una actividad económica o una tecnología; es también una forma de organizar el poder. No es una tecnología: es una geometría. La geometría que determina cómo se distribuyen la propiedad, el control, las decisiones y sus consecuencias dentro de una sociedad.
En la geometría concentrada, unos pocos puntos controlan los recursos, las herramientas y las decisiones de muchos. La extracción ocurre en un territorio; las ganancias se contabilizan en otro; las decisiones se toman a miles de kilómetros, y los daños permanecen donde la tierra fue removida, el bosque desapareció o el agua quedó contaminada. La distancia no es únicamente geográfica: es política, económica y humana. El flujo predominante es lineal: extraer, transportar, consumir y desechar. Cambian los recursos y las tecnologías, pero puede permanecer intacta la estructura de dependencia. El petróleo del siglo XX, el oro de una mina contemporánea o el litio destinado a fabricar........
