Calor extremo por 40 días en Venezuela |
Del 21 de marzo al primero de mayo Venezuela experimentará 40 días de temperatura y sequias extremas por la confluencia de varios factores:
El aumento de la temperatura media global por el consumo acumulado de combustibles fósiles durante los últimos 120 años.
El impacto de El Niño. El 2023, el 2024 y el 2025 fueron los más calientes de los últimos 120.000 años. El 2024 vino además acompañado por El Niño, lo que normalmente implica temperaturas más altas y sequías en el norte de América del Sur. Para finales del 2026 se proyecta un posible Super El Niño, cuyo máximo se registraría en el primer semestre del 2027, convirtiéndolo en el año más caliente hasta entonces.
La coincidencia con un máximo solar. Los máximos solares tienen un ciclo promedio de once años.
La declinación solar: el ángulo entre la línea del Sol a la Tierra y el plano ecuatorial. En el solsticio de invierno tiene un valor de +23,45° y en el solsticio de verano es de -23,45°. En los equinoccios el valor es cero.
El 20 de marzo 2026 se registró el Equinoccio de Primavera. Es el día en que la radiación solar incide de manera perpendicular sobre la línea ecuatorial, el día en que el Sol la cruza en su movimiento relativo de Sur a Norte. A partir de entonces la perpendicularidad se desplaza progresivamente hacia el Norte, aumentando progresivamente el ángulo entre la radiación solar y el plano ecuatorial: la declinación solar. El máximo se registra cuando este ángulo es 23,45° N. Se registra entonces el solsticio de verano en el hemisferio norte. En el solsticio de verano (hemisferio norte), la radiación solar es perpendicular al trópico de cáncer.
A partir de entonces, este ángulo se reduce. Regresa a cero durante el equinoccio de otoño (23 sept 2026). El desplazamiento continúa, desde el ecuador hacia el sur, hasta que se registra el solsticio de invierno, correspondiente al máximo del verano austral. La declinación solar es entonces de -23,45° y la radiación solar es perpendicular al trópico de capricornio.
A partir del 21 de marzo Venezuela será barrida de sur a norte por la declinación solar, hasta el primero de mayo cuando se alejará hacia el norte del país. Durante este período se registrará máxima incidencia solar, perpendicular sobre la superficie, progresivamente de sur a norte.
La declinación solar es el ángulo que forman los rayos solares y el plano del ecuador terrestre. Varía a lo largo del año, desde un máximo en el solsticio de verano en el hemisferio norte (23,45°) hasta un mínimo en el solsticio de invierno en el hemisferio norte: -23,45° (verano austral). El valor máximo y mínimo es igual a la oblicuidad de la eclíptica. La declinación solar es igual a cero en los equinoccios de primavera y de otoño.
Es un fenómeno cíclico. Se repite todos los años a partir de equinoccio de primavera. La temperatura media nacional tiende a elevarse año tras año, como consecuencia del aumento en la temperatura media global. Si no se establecen medidas efectivas de adaptación, los impactos previsibles serán catastróficos a mediano plazo.
Sólo con el aumento en la temperatura superficial promedio global registrado hasta la fecha, Venezuela ya perdió todos sus glaciares. Ya no hay "nieves eternas" en las crestas de las montañas de Mérida. Las legendarias Cinco Águilas Blancas hay huido de vuelta al firmamento.
Con un aumento en el nivel del mar de hasta 2 metros para finales de siglo, en consonancia con el aumento proyectado de la temperatura promedio global de 3°C para el 2100 y de 5°C a 6°C en el país, Venezuela perderá progresivamente buena parte de sus playas e infraestructura vital, como puertos y aeropuertos, forzando además al desplazamiento de una significativa parte la población hacia lugares más elevados.
Sus bosques, sus fuentes de agua y la fertilidad de sus suelos se verán igualmente afectados. El aumento de la temperatura superficial promedio en la mayor parte del país, en el llano, la costa, el sur del lago de Maracaibo y Guayana, es de aproximadamente 2°C en la actualidad con respecto al promedio de la época pre-industrial.
Cuando el aire se calienta, aumenta su capacidad de albergar humedad. Para restaurar el equilibrio, la atmósfera absorbe más humedad de la biomasa superficial. La vegetación a su vez absorbe más humedad del suelo, en un esfuerzo por restituir su propio equilibrio y mantener el ciclo natural del agua.
Por cada grado centígrado de incremento en temperatura, la atmósfera almacena 7% más humedad. Si la exigencia adicional de agua no es compensada con más lluvia, el sistema tiende a secarse en esa misma proporción. El aumento en la temperatura promedio del país de al menos 5°C para finales de siglo implica que la atmósfera exigirá al menos un 35% mas humedad para restaurar su equilibrio. Las consecuencias sobre la fertilidad de los suelos y las fuentes de agua serán catastróficas.
Conviene reconocer estos cambios históricos como lo que representan: una tragedia nacional. Son señales emblemáticas que deberían disparar las alarmas por la avalancha de efectos adicionales que se avecina sobre el país, a corto plazo y sobre una población inadvertida: sequías, inundaciones, aumento en el nivel del mar, incendios forestales, olas de calor, huracanes, pérdida de fuentes de agua y de fertilidad de los suelos, falta de alimentos, migraciones.
La pérdida de los glaciares debió servir para concertar una política nacional efectiva sobre el calentamiento global y sobre las medidas de adaptación de la población a sus inevitables impactos.
El Acuerdo de París establece el compromiso mundial de limitar el aumento de la temperatura superficial promedio global a un máximo de 1,5°C para finales de siglo en relación con el promedio de la era pre-industrial (promedio 1880-1900).
La tendencia actual conduce hacia un escenario crítico a corto plazo: un aumento en la temperatura promedio mundial de 2°C para el 2050, en apenas 24 años, y de al menos 3°C para finales de siglo.
La temperatura superficial promedio global era de 13,6 grados a inicios del siglo 20. El promedio anual del 2025 es de 15°C.
Pero en el trópico la temperatura promedio tiende a duplicar el promedio global, especialmente en las regiones más bajas, cerca del nivel del mar. En ciudades como Barinas, San Fernando o Acarigua el promedio anual se encuentra entre 27°C y 28°C.
Un aumento de 3°C a escala global implica un aumento de 5°C a 6°C en el llano venezolano, en la costa, en el Sur del Lago y en la mayor parte de Guayana. En combinación con los niveles de humedad, se excederán con creces los límites de la resistencia humana en estas regiones del país.
Nos encontramos ante una emergencia climática nacional. Es hora de actuar, no sólo en nuestro propio beneficio, sino especialmente en defensa de derechos fundamentales de nuestros descendientes más inmediatos.
En materia de cambio climático el país parece ir a la deriva, poniendo en riesgo la seguridad de la población y la habitabilidad de la mayor parte del territorio nacional en el lapso de una generación.
Estamos sin lugar a dudas ante una emergencia nacional de enormes proporciones. Debe ser atendida con carácter de urgencia.
Más información en este enlace:
https://www.dropbox.com/scl/fi/uopdvoubstbvqopxkww7u/Centeno-QUE-ESTAMOS-ESPERANDO-PARA-ACTUAR-v30624.pdf?rlkey=9tv6et9apjwkxjqp3ygvf2qgw&dl=0
JC-Centeno@outlook.com