Proyecto HAARP: La madre de las teorías conspirativas |
Los terremotos que sembraron de muerte y destrucción a nuestra amada patria el pasado 24 de junio no solo dejaron al descubierto la vulnerabilidad de algunas zonas que claramente no son aptas para la construcción de viviendas, sino que además ratificaron que los organismos responsables de atender estos desastres, a pesar de su voluntad, entrega y disposición, no cuentan con los recursos ni los medios para llevar adelante su labor con la eficiencia requerida. Afortunadamente, ante la indolencia gubernamental, la firmeza, el compromiso y la solidaridad de nuestra gente, junto con el valioso apoyo internacional, se impuso por encima del burocratismo y se pudieron salvar muchas vidas. Ese coraje es admirable y demuestra que los hombres y las mujeres de esta tierra están por encima de un sistema que ha intentado ahogar cualquier iniciativa, mediante el control y la represión; pero así como la vida se abre camino en medio de una tragedia como la vivida con el devastador doblete sísmico, también la libertad hallará la vía para el regreso de la democracia a nuestra mancillada y tutelada república. En un artículo anterior (Venezuela ante la tragedia: La solidaridad de un pueblo frente a las barreras del poder / https://www.aporrea.org/actualidad/a354296.html) hablé sobre esa solidaridad de los venezolanos, el respaldo de naciones amigas y la determinación de nuestros rescatistas, así que no profundizaré sobre esos temas en este nuevo texto. Pero, lo que sí voy a tratar en este artículo es ese "síndrome de la conspiranoia" que aparece cada vez que un desastre sacude cualquier punto del planeta. Los antiguos griegos creían que los terremotos eran producidos por el implacable Poseidón, señor de los mares, cuando golpeaba la tierra con su tridente. Los helénicos pensaban que la tierra flotaba sobre las aguas, así que si el poderoso hermano de Zeus se enfurecía, las consecuencias las sufrían los humanos. Incluso, en algunas civilizaciones prehispánicas de nuestra América, los sismos tenían orígenes divinos. En la cosmovisión mexica (azteca), por ejemplo, el dios principal asociado a los terremotos era Tepeyóllotl, que era representado como un fiero jaguar. Pues bien, los mexicas creían que el retumbar o el rugido que se escuchaba en el subsuelo cuando la tierra temblaba, era el eco de la voz de Tepeyóllotl,........