¡Camionetas de ciento cincuenta mil dólares!

El tema del salario mínimo en Venezuela es realmente una vergüenza. La dictadura instaurada en nuestro país, que dirigió Nicolás Maduro hasta su captura por fuerzas militares de los Estados Unidos el 3 de enero de 2026, se encargó de destruir sistemáticamente no solo el poder adquisitivo de los trabajadores, sino también cualquier beneficio laboral.

Maduro, quien se autoproclamó "presidente obrero", encarnó la esencia del maltrato, la explotación brutal y los abusos contra la fuerza laboral de nuestra patria. Desde Miraflores se consolidó una estrategia dirigida a derrumbar la calidad de vida del pueblo. Lógicamente, el primer factor que se tenía que destruir era el salario, además de ir contra los dirigentes sindicales que osaran reclamar sus derechos, convirtiéndolos en "enemigos del Estado", "contrarrevolucionarios", "traidores a la patria", "conspiradores" y "promotores del odio", entre otros calificativos.

De hecho, el ejecutivo decidió aplicar medidas tan neoliberales que lucen propias del feudalismo. La llamada revolución bolivariana decidió congelar el salario mínimo que, desde hace casi un lustro, se encuentra en 130 bolívares, cifra que al cambio en dólares ¡¡es poco más de 30 centavos de la moneda estadounidense!!

Para disfrazar semejante neoesclavitud, el goebbeliano aparato de propaganda institucional ya no habla de "salario" o de "salario mínimo" y ha preferido instaurar la narrativa de "ingreso integral" ¿La razón? Pues, básicamente es una forma de justificar el pago de bonos que no tienen incidencia alguna en los pasivos laborales, tales como utilidades, vacaciones, prestaciones, etc. En otras palabras, los trabajadores venezolanos no reciben un sueldo por su esfuerzo, sino bonos que, además de ser insuficientes, no implican beneficios reales.

Al desprecio que siente la nomenklatura gubernamental por el salario de sus ciudadanos, se le debe sumar la inflación galopante y la devaluación permanente del bolívar. Estos elementos constituyen un cóctel devastador para la economía familiar, convirtiendo a la población económicamente activa en esclavos sin derecho alguno.

El desesperado pueblo trabajador, aprovechando la distensión que se ha reportado en materia de represión por parte de los organismos de seguridad del Estado, realizó el pasado 12 de marzo una marcha por sus derechos laborales, incluyendo un salario justo -como lo establece la Constitución-. A pesar de algunas escaramuzas protagonizadas por elementos pertenecientes a esa especie de Tonton Macoutes denominados colectivos, la marcha llegó hasta la Asamblea Nacional, sobrepasando piquetes policiales y demostrando un civismo ejemplar.

Ante un grupo de diputados, el exsecretario general de los trabajadores de la Cancillería, José Patines, quien fuera despedido -por motivos políticos- por Jorge Arreaza cuando este era titular del despacho de Relaciones Exteriores, expuso de manera contundente el drama que vive el pueblo obrero. Con nuestro tricolor como capa y un tono firme, aunque respetuoso, Patines reclamó a los parlamentarios que ni siquiera sabían el costo de la canasta básica, poniendo en evidencia el alejamiento de estos políticos -¿o politiqueros?- de la realidad nacional.

"Nosotros también queremos andar en camionetas de las que andan ustedes, de 150 mil dólares (...) Ese cuento de que ser pobre es bueno y ser rico es malo, aquí está la diferencia, un poco de señores muriéndose de hambre allá afuera, mientras a ustedes les ponen agua en la mesa", reclamó Patines ante unos incrédulos parlamentarios, acostumbrados al lujo y el poder que otorga formar parte de la elite.

El video de Patines se ha hecho viral. Las redes sociales han estallado con su mensaje, devolviendo una parte de la esperanza a esas masas trabajadoras que han visto sus sueños frustrados por las acciones de una seudo dirigencia insensible e indolente.

Por ahora, los trabajadores preparan nuevas acciones en una lucha que parece haber cobrado un nuevo ímpetu. Esperamos que el actual gobierno "encargado", que encabeza Delcy Rodríguez, no se comporte con la misma actitud arrogante, distante e, incluso, perversa, que impuso el destronado "presidente obrero".

Mis respetos a José Patines y a esos trabajadores que, nuevamente, enarbolan la bandera de la justicia social, dando un campanazo a un gobierno que, alguna vez, significó una esperanza para Venezuela, pero que, lamentablemente, se convirtió en un sistema reaccionario, corrupto y alejado de las necesidades de las mayorías.

jj.saavedrap1970@gmail.com>


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