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Las últimas risas milagrosas en la capilla de piedra, del Viejo Juan Félix Sánchez…

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26.09.2021

A mediados de diciembre de 1995, volvimos a la casa paterna de Juan Félix Sánchez. Me acompañaban: el poeta Pedro Pablo Pereira, mi esposa María y mis hijas Alejandra y Adriana. Encontramos al Viejo, sentado en su silla de ruedas, con un paño rojo sobre las piernas. Lo saludamos y pronto nos dimos cuenta de algunos cambios, pues en la pared izquierda levantaron un promontorio de piedras blancas, junto con figuras de mar como caracoles, conchas de ostras, y en el centro una imagen muy formal de la Virgen de Coromoto, hecha en barro. A esto lo llaman ahora la "Gruta de Virgen de Coromoto".

Al llegar no vimos por fortuna muchos turistas por los alrededores, lo que nos iba a permitir hablar sin interrupciones con Juan Félix. El Viejo mandó a pedir una silla y me saludó con mucha deferencia y cariño, con su sonrisota de acero refulgente, y disparando el primer piropo: "- …pues, miren por aquí quien ha llegado: el gran echador de vainillas con su pluma afilada…". De inmediato agregó: " -Que mala visita la suya, siga de largo, señor… Aguante, aguante...". Me acomodé en una silla de metal, y comenzó nuestra meteórica conversación, con los morteros ya apagados, con la modorra del año nuevo y los preparativos enciernes de las festividades de la virgen de La Coromoto. Le pregunté que cómo había pasado las navidades y me contestó que igual que todos los años, eso sí con mucha gente "alabanciosa" que le daba muchos besos y abrazos, que tampoco estaban demás y que los gozaba hasta donde podía, y lo decía con picardía, con melancolía, con bonachona complacencia.

Estábamos entrando, pues, en la conversa, muy animadamente, cuando repentinamente se presentó una marejada de turistas, que al parecer habían llegado en varios autobuses. Se detenían para saludarlo y para ver su obra de la Capilla de piedra. Entonces el Viejo nos comentaba:

- Pero fíjese cómo van cambiando las costumbres, una cosa que nosotros nunca vimos por aquí, que ahora las mujeres llegan y te dan besitos. Eso no es de aquí.

- No sólo eso Juan Félix, en España te dan dos besitos. Nosotros deberíamos superarlo y dar tres, uno en cada cachete y el del medio.

- Nos la pasaríamos en eso todo el día.

-¿Y le parece a usted mala costumbre, Juan Félix, siendo usted tan pícaro?

- Sí señor, muy inconveniente porque es poquito – replicó el maula sonreído -. No me parece buena costumbre porque deja entender varias cosas. Bueno, dejémonos de bromas, algunas lo hacen de buena fe o con verdadero cariño; pero bueno, asumamos en verdad que es por un cumplimiento.

- ¿Tú sabes Juan Félix lo que sí es malo: el beso de Judas?

- Cuántos besos de Judas no andará repartiendo la gente.

- Pero si te lo dan mujeres dirás que son muy bienvenidos, aunque sean fallos, y aunque sean de Judas.

Como María, mi mujer, filmaba algunas escenas del lugar, Juan Félix de inmediato dijo, que ahora todo el mundo andaba con esas máquinas filmadoras. Al viejo no se le escapaba nada. "Andan con esas cargas", dijo.

- A mí no me gusta mucho - añadió -. Me enfocan demasiado y como que no es muy legal.

- Mira Juan Félix –le dije-, hay que irse también acostumbrando a las filmaderas. Tú eres un hombre famoso aunque no lo quieras, y te andarán ametrallando con esas cámaras por todas partes.

Recordé la película del gringo Dennis sobre el Tisure, con la que se ganó un premio, y el pleito que se entabló por el asunto de los derechos de autor, y miré hacia la cocina, desde nos observaba Teresa, la sobrina del Viejo. Poco antes había ido yo al urinario y había encontrado escarmenando lana a Cruz Sánchez, sobrino de Juan Félix (quien con su numerosa prole, unos diez hijos, venía también a hacerle compañía al Viejo a la casa paterna rescatada). A "protegerlo", a "ayudarlo"; me saludó con cierta displicencia, haciendo un raro mohín. Me incomodó el aspecto inmundo como encontré el baño, con barro hasta en el retrete,........

© Aporrea


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