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Este cuento de horror no es de Poe, lo vivimos, y hay que enseñarlo en las escuelas …

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21.07.2019

Algunos de los nuestros compatriotas, adulterados por las interferencias extrañas, han andado turbados y cogitabundos, porque las pasas o las aceitunas, el aceite de oliva se volvieron incomprables. ¡Ni alcaparras! Quién lo iba a pensar. ¡No poder comprarse un jamón serrano (no digas un "pata negra")! No poder echarse al buche un vinito chileno de segunda (por eso la Bachelet y el Piñera nos odian, vayan tomando nota los despistados!). Y estos compatriotas, dan vueltas y vueltas por los comercios y caen en la cuenta, ¡Señor, de que verdaderamente la realidad ha cambiado tanto! Esta historia que vamos a referir ni Edgar Allan Poe…, hermanos…

¡Oh, Dios!, qué horror (o caro) es que esos compatriotas NO puedan ahora ponerle cardamomo a su café estilo turco. O untarle queso camembert o un poco de caviar a sus galletas en los saraos medianamente decentes. O meterse una docena de uvas a sus delicadas panzas. La realidad les remuerde en las entrañas, y sigamos viendo esta historia, real, muy real, de ultratumbas.

¿Quién ahora te invita a echarte un whisky o a un palito de brandy Cardenal Mendoza o un Napoleón? (Nosotros, le explicamos a los chamos de estos tiempos, a principios del siglo XX, no tomábamos whisky sino aguardiente o ron, pero nos hicimos finos y nos pusimos a jalar de lo bueno y de lo caro en nombre de un platal que no habíamos hecho con nuestras propias manos). Unos tipos habían hecho prospecciones en su patio trasero, y ¡BINGO!: encontraron nuestra FELICIDAD en multitud de campos petroleros. Y sigue el horror de esta historia que ni se la imaginan…: No hicieron malcriados y llorones importadores de todo, y esperar de ellos las bendiciones del cielo!

Tantas "MARAVILLAS" con las que contábamos, pero casi todas importadas. Y tanto que hablamos de la hallaca, que la llenamos de aditamentos que no son venezolanos. Que nos copiamos también para las navidades aquello de los gringos del pavo horneado (por lo del Thanksgiving). (No se diga el fulano San Nicolás, y luego Halloween,… y los zombis, pendejos…).

Y vino de repente, el cambur y nos salvó.... ¿Qué cosa más burda era comerse un cambur, siendo una fruta tan deliciosa? Ah, pero no la importábamos, y carecía de caché. Mucha gente prefería manzanas o peras. Ahora buscamos el cambur y lo apreciamos en su justo valor nutritivo. ¡Qué........

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