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Una cruda verdad: ¿Dónde están los reales para pagar salario mínimo a los pensionados?

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friday

La seguridad social no es un mero asiento contable ni una dádiva burocrática; es el baluarte de la dignidad humana y el contrato social más sagrado. En Venezuela, este sistema nació formalmente en 1944, inspirado en la visión de proteger al ciudadano desde la cuna hasta la ancianidad, un tejido ético donde el vigor del presente sostiene la vulnerabilidad del pasado. Sin embargo, hoy este edificio se tambalea. La ausencia de ingresos dignos bajo productos del salario y la informalidad en el trabajo que devora al 84,5% de la fuerza laboral según la ENCOVI atentan contra su propia estructura de autofinanciamiento. La precariedad laboral, es un proyectil dirigido al corazón del sistema que debería sostener a nuestros abuelos.

 

RADIOGRAFÍA DEL PASADO: El Espejo de 2014

 

Para comprender la magnitud de lo perdido, debemos mirar el reflejo de hace doce años. En 2014, Venezuela contaba con una Población Económicamente Activa (PEA) de 14,2 millones de personas, de las cuales 13,1 millones estaban ocupadas. Lo crucial era la robustez de su sector formal: 8,1 millones de trabajadores activos cotizaban regularmente, sosteniendo un sistema que hoy languidece.

 

Los recursos de la seguridad social se nutren del aporte tripartito, pero fundamentalmente de la nómina: el 4% retenido al trabajador y el 10% (promedio) aportado por el patrono al IVSS. En aquel entonces, con salarios que permitían una base de tributación real, la recaudación mensual estimada superaba los $800 millones de dólares, lo que representaba un flujo anual de $9.600 millones de dólares.

 

De este flujo mensual, el sector privado, con una fuerza laboral formal de aproximadamente 5,3 millones de trabajadores para la época, aportaba cerca de $510 millones de dólares cada mes. Esto significa que, al año, el sector privado inyectaba $6.120 millones de dólares al sistema de seguridad social.

Al contrastar estas cifras con los $9.000 millones de dólares que se cancelaban anualmente a los pensionados y jubilados, la revelación es contundente: solo el aporte del sector privado cubría el 68% de la nómina total de pensiones del país. El 32% restante era cubierto con holgura por el sector público, permitiendo que el sistema no solo fuera autosustentable, sino que generara un excedente técnico. A esta ecuación se sumaba la recaudación fiscal indirecta por el consumo de los pensionados, blindando un organismo vivo y vigoroso que hoy se ha refugiado en la precariedad de la economía informal.

 

LA FUERZA DEL TRABAJO: El Motor Oculto Detrás del Financiamiento de la Seguridad Social

 

Es un error conceptual ver el ajuste de pensiones como una erogación aislada; la realidad económica revela que es el propio trabajador, a través de su esfuerzo y consumo, quien construye la base de su protección. En mi artículo (La verdad que no todos aceptan: ¿Es factible el ajuste de salario mínimo? aporrea.org/trabajadores/a350752.html), explico que para cubrir el ajuste de $100 mensuales (aplicado gradualmente en dos tramos de $50) para los 5 millones de pensionados y jubilados se requiere de recursos.

 

Para cubrir este compromiso con los abuelos, es necesaria una inversión anual de $2.560 millones de dólares. Sin embargo, al activar el ajuste salarial en paralelo para la fuerza laboral activa, el escenario de "gasto" se transforma en uno de recuperación inmediata datos que ahora comparto para reforzar aún más la tesis de mi publicación anterior:

• Aporte del Sector Público (2,2 millones de trabajadores) y del sector privado (3 millones de trabajadores): Al ajustar su salario, el retorno por concepto de IVSS y parafiscales (16% patrono / 6% trabajador) inyecta al sistema recursos que antes no existían, equivalentes a $1.029,6 millones de dólares.

• El Retorno por Consumo (Impuestos): Los pensionados tienen una propensión al consumo cercana al 100%. De los $2.560 millones invertidos en ellos, el Estado recupera aproximadamente el 15% ($384 millones) de forma casi instantánea a través del IVA y otros tributos indirectos cuando el abuelo compra alimentos y medicinas.

 

El Efecto Multiplicador: El Nacimiento de la Autosustentabilidad Este ajuste no muere en el bolsillo del beneficiario. Al disparar la Demanda Agregada, se genera una presión positiva sobre la oferta: los comercios venden más y las industrias producen más. Este ciclo virtuoso tiene el potencial de crear cientos de miles de nuevos empleos formales.

 

Cada uno de estos nuevos trabajadores se convierte, automáticamente, en un nuevo cotizante del IVSS, lo que incrementará la recaudación de fondos para los pensionados en el corto plazo, rebajando aún más la inversión directa del Estado. Esta es la clave de la sostenibilidad: a medida que el consumo crece y el empleo se formaliza, la seguridad social deja de ser una carga fiscal para convertirse en un sistema autosustentable movido por la fuerza productiva de la nación. No es una utopía; es la ciencia económica al servicio de la justicia social.

 

El NUEVO PACTO: Revertir la Pirámide y Multiplicar el Valor

 

Debemos ser arquitectos de una nueva estructura demográfica y social. Como se planteó al inicio, la seguridad social es el baluarte de la dignidad humana, pero hoy ese edificio tiene una pirámide invertida y asfixiada: una base de jóvenes formales cada vez más estrecha que intenta sostener, sin éxito, a una población de abuelos creciente y vulnerable. La misión es ensanchar esa base, y ese proceso pasa por un primer paso ineludible: el ajuste del salario.

Revertir la pirámide no es un proceso espontáneo, requiere el efecto multiplicador que solo genera el consumo formal. Al dignificar el ingreso, activamos la Demanda Agregada, transformando el flujo monetario en nuevos empleos y, por ende, en nuevos cotizantes. La demora en el ajuste de salario no es "prudencia fiscal", es simplemente demorar la realidad de la auto sustentabilidad; cada día que pasa sin recuperar el poder adquisitivo, es un día más que el sistema depende del auxilio externo y no de su propia fuerza productiva.

 

Debemos entender los fondos de la seguridad social no como un gasto que se extingue, sino como un capital semilla que se multiplica a través del trabajo productivo. El objetivo final es un sistema que dependa exclusivamente de la invencible fuerza del trabajo y no de la volatilidad del mercado petrolero o la discrecionalidad política. Es el pacto de fe entre generaciones: el joven que hoy aporta lo hace con la certeza de que el sistema que él mismo está aceitando con su esfuerzo será el que lo proteja mañana.

 

Conclusión: La Ética del Conocimiento frente a la Tiranía de la Inercia

 

La economía, despojada de su barniz tecnocrático, es una ciencia moral. Su base fundamental debe ser la verdad y la búsqueda incansable de soluciones a los problemas que asfixian a la humanidad. Los números presentados en este análisis no son simples proyecciones; son la evidencia de que la parálisis actual es una elección, no una fatalidad. La viabilidad del ajuste de $100 demuestra que el sistema de seguridad social tiene el potencial de sanar desde adentro, utilizando el salario como el reactivo que activa el consumo, la producción y la recaudación.

 

Mantener la tesis de que "no se puede" es ignorar deliberadamente el efecto multiplicador del trabajo y la capacidad de retorno fiscal que el propio consumo genera. La justificación de la inercia no es una postura técnica, es una barrera que solo sirve para paralizar el crecimiento, profundizar la exclusión social y proteger el privilegio.

 

Quienes asumen poner “peros o negativas” a las soluciones y usan el conocimiento económico como herramientas para justificar la inmovilidad, en lugar de usarlos para transformar la realidad, se sitúan en las antípodas del bienestar común. No son solo detractores de una propuesta; se convierten verdugos de la sociedad. La seguridad social es el pacto y respeto entre quienes construyeron el país y quienes lo construyen hoy. Romper ese pacto por "prudencia" malentendida es un despropósito. La redención de Venezuela pasa por el reconocimiento de que el trabajo es nuestra única riqueza verdadera. El camino es la formalización, el vehículo es el salario y el destino es una nación donde envejecer no sea una sentencia de precariedad, sino el ejercicio de un derecho conquistado.

 


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