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El peronismo es disruptivo o no es

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29.06.2022

La permanencia de la doctrina peronista, su vigencia filosófica e ideológica, no es producto de la improvisación de algunos dirigentes o de su pragmatismo, sino que se hizo carne del pueblo argentino, que lo ha apropiado como cultura social compartida, confiando en los liderazgos emergentes en cada tiempo histórico.

Es por esa razón que el enemigo ataca lo vertebral de su concepción e intenta destruir lo central de su organización policlasista, como es el movimiento obrero primero y los movimientos sociales después, sin dudas actores principales de éste tiempo político. Cuando surgen la voces neoliberales, jamás hacen referencia a otros objetivos que no sean la derogación de las leyes laborales, la disminución de las políticas sociales, la eliminación de los sistemas solidarios, la persecución de los dirigentes como los sufridos por Milagros Salas, Cristina, Boudou, De Vido y cientos de tantos otros, en un intento claro de borrar la identidad y la memoria del pueblo argentino, que alguna vez por sus luchas logró que la justicia social fuese realidad en el país, con soberanía plena en el marco de la Patria Grande.

Las discusiones instaladas hoy en el seno del movimiento nacional, responden a múltiples complejidades, atravesadas por ejes diferentes en donde la cultura dominante neoliberal de las últimas cinco décadas se patentiza. Esas penetraciones colonizadoras, en especial la cultural, que todos padecemos por haber sido el contexto en el cual desarrollamos nuestras vidas, llevan a determinadas debilidades ideológicas, que al plantearse en el seno de nuestras propias fuerzas, aparecen como andariveles separados, paralelos que nunca pueden hacer una síntesis superadora, de la fragmentación lograda a partir de la acción del enemigo.

Es que la cultura del individualismo neoliberal trasladado a la política diaria, se expresa con dogmatismos férreos que llevan a la fragmentación del campo popular. Es el juego del neoliberalismo que a lo largo de tanto tiempo, logró instalar como hecho supremo de la militancia política, la cuestión electoral, el electoralismo como proyecto en sí, desplazando la definición de los objetivos estratégicos, como son los modelos de construcción social, sumado a las utopías y esperanzas por las cuales luchar. Es el ejercicio pleno de la anti política, es la repetición de la consigna de hace 30 años del Fin de la historia de Fukuyama, herramienta de Tacher Reagan en la instalación del poder........

© Aporrea


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