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Fenomenología del "siervo" venezolano

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10.03.2026

Lo que menos podía imaginarse el filósofo alemán Hegel es que, en medio del cañoneo que anunciaba el avance indetenible de Napoleón, sus rollos románticos y las pesadas abstracciones de sus especulaciones idealistas absolutas, terminara explicando las miserias de unos burócratas, policías y militares metidos a empresarios, de por estos lados del norte de la América del Sur, en pleno Caribe, en la parte más apetitosa del Patio Trasero, un siglo después de escrito su libro más debatido.

Yo he intentado en mi vida entrarle a varias guarataras literarias y filosóficas. Retrocedí derrotado ante la meticulosidad perceptiva y lingüística del Ulises de Joyce. Comencé varias veces la Fenomenología del Espíritu, de Hegel, estudiada con fruición por Marx y mi inolvidable amigo Orlando Zabaleta, solo porque supo que Lenin lo recomendaba para poder entender otro ladrillo, El Capital. Mi pana venció en esas batallas filosóficas, pero no su lucha contra el COVID. Pero logró, gracias a sus explicaciones, que medio entendiera el capítulo sobre la dialéctica del amo y el esclavo, que luego creí entender un poquito más con los comentarios del balurdo de Fukuyama, de Kojeve, un profesor respetable que manejaba a Hegel como yo mi carrito, y Dugin, el asesor de Putin.

Pero vamos al texto del alemán. Entiendo (con todas las reservas del caso; odio esa prosa ultrapesada hegeliana) que, según el autor de marras, el esclavo logra que el amo lo reconozca como un igual, es decir, como un sujeto con voluntad, solo cuando demuestra que está dispuesto a morir por su libertad. O sea, si el miedo a la........

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