Hacia una geopolítica del fútbol/corporación: entre la pasión y la creación de riqueza y poder |
Que ligas nacionales como la Premier League facturen al nivel de una gran corporación privada global como British Petroleum, indica que en sus decisiones y estructuras sociales subyace poder y un ejercicio que tensa la relación entre pasión deportiva y dinero. El poder económico de la Premier League es global, y ello se evidencia en los 11 mil millones de euros generados en la temporada 2023-2024 –algo así como 0.33% del PIB británico–, en los cien mil empleos generados, en los 5 000 millones de euros recaudados por el fisco británico, y en los 1 450 millones de personas que siguen por televisión a esta liga inglesa en el mundo (https://shre.ink/54Ez). Más todavía: el fútbol expresa históricamente las luchas en torno al poder político, pero ello no se limita al entorno nacional, sino que marcha a la par de la correlación de fuerzas en las relaciones económicas y políticas internacionales. De ahí que no es casual que las potencias geopolíticas se entrelacen con las inversiones masivas en el fútbol.
En el ámbito de las sociedades nacionales como la británica el fútbol expresó, en sus orígenes, una especie de lucha de clases. Vinculado a las clases sociales populares –mineros, obreros, etc.–, el fútbol tendió a su profesionalización. Con la expansión del imperio británico a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, marineros, comerciantes y soldados comenzaron a occidentalizar por el mundo a este deporte. Los inmigrantes ingleses impulsaron la fundación de clubes en distintos países: en México, por ejemplo, se funda el primer club –el Pachuca Atletic Club– y se juega el primer partido oficial en 1892 de la mano de mineros ingleses. De tal modo que la mundialización del fútbol trajo consigo la creación –por parte de Dinamarca, Francia, España, Bélgica, Países Bajos, Suiza y Suecia– de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) en 1904. Dos décadas más tarde, el ascenso del fascismo en Italia significó profundizar una ideología de corte nacionalista de la mano del fútbol. Reavivar el legado imperial de Italia fue una de las aspiraciones de Benito Mussolini, y para ello fue fundamental que –en los primeros Mundiales jugados en la década de los treinta– la selección de fútbol de este país sumase su primera estrella bajo la consigna de "ganar o morir"; nacionalizaciones de jugadores extranjeros, presiones y sobornos incluidos.
Por su parte, la Segunda República y el separatismo catalán encontró en el FC Barcelona un baluarte para posicionarse internacionalmente. La gira de 1937 por Estados Unidos y México fue crucial para el equipo culé en la promoción de los valores republicanos y en el logro de fondos para la subsistencia del club y del mismo bando republicano. Por otro lado, el Celtic Glasgow sintetizó los valores republicanos y católicos de los migrantes irlandeses pobres. No menos importante fue el control del gobierno –la KGB, el Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa– de la Unión Soviética sobre clubes de fútbol como el CSKA Moscú y el Dynamo de Moscú. En 1969, en el contexto de las contradicciones por la tenencia latifundista de la tierra, tanto en El Salvador como en Honduras, se desató la llamada "Guerra de las cien horas", cuya gota que derramó el vaso fueron los partidos clasificatorios entre ambas selecciones para el Mundial de 1970, encuentros que representaron la crispación vivida entre ambas naciones desde hacía años. En 1978, la dictadura militar usó el Mundial de ese año para promocionar una imagen idílica del régimen en medio de la represión y la persecusión de opositores. Ocho añós más tarde la Argentina de Diego Armando Maradona derrota con dos goles memorables a Inglaterra en el Mundial de México 86, redimiendo con ello la ofensa de la Guerra de las Malvinas.
La popularidad del fútbol se debe no solo a que es un deporte, sino a que se erige en una trinchera para la construcción de identidades entre los aficionados. Los clubes, desde su fundación, anclan a la afición a un sentido de pertenencia local/regional y configuran imaginarios sociales que hacen del fútbol un mecanismo de aparente y espontánea unidad. El nacionalismo aflora también cuando el fútbol remite y enfrenta a las selecciones de los países. Se genera un........