El fútbol como esperanza y la privatización del sentido en el capitalismo del colapso sistémico |
Existe una contradicción central en torno –y subyacente– al fútbol contemporáneo: por un lado, el fútbol a lo largo del tiempo se erigió entre los sectores populares como un territorio de disputa respecto a las significaciones y la construcción de sentido y de identidades entre las colectividades. Es un resorte de la memoria colectiva y un configurador de sentidos de pertenencia a lo territorial –el barrio, la ciudad, la región, la nación–. Un proceso eminentemente desde abajo. Y en contexto sociales signados por la desigualdad –como lo son los sudamericanos–, el fútbol aflora como un faro de utopía liberadora de esos grupos sociales pauperizados y asediados por la desigualdad. La gambeta en el barrio, en el potrero o el llano y en el estadio es una manifestación de esa osadía de las clases empobrecidas para crear esperanza y para reivindicarse en el mar de exclusión social. El fútbol, pues, fue el último reducto de los pobres en cuanto a la concreción de mínimos derechos al gozo y a la libertad. Por otro, una propiedad privada en incremento constante de sus ganancias y de sus beneficiarios que, implantando un monopolio –la Copa Mundial de Fútbol– creó, desde arriba, un espectáculo/negocio de masas signado por el consumismo desmedido, el regionalismo o el nacionalismo ramplón, la moda efímera y por el individualismo hedonista.
La crisis estructural del capitalismo contemporáneo está dada por el agotamiento del modelo del crecimiento económico ilimitado; así como por la imposibilidad de ampliar territorialmente los procesos de acumulación de capital y generación de ganancias. La híper-mercantilización del fútbol, donde se privatiza y comercializa hasta el último segundo en la pantalla de televisión o en la plataforma streaming y hasta el último centímetro del estadio, es una estrategia perfectamente diseñada y deliberada para ampliar esas posibilidades de acumulación de capital piloteada por las corporaciones globales patrocinadoras de la FIFA.
La FIFA, en tanto corporación global, es un hub empresarial, un articulador de patrocinadores como Coca-Cola, Adidas, Hyundai, Kia, Visa, Lenovo, Hisense, McDonald's, AB InBev, entre otros. En esa labor articuladora, la FIFA negocia con los Estados condiciones extremadamente favorables para sus eventos y torneos futbolísticos. Desde la construcción de infraestructura turística y de transporte y la remodelación profunda o la construcción de estadios, hasta la exención de impuestos y una serie de privilegios para el despliegue de los negocios de esas corporaciones privadas. Ni siquiera un recinto público de amplio significado simbólico para los mexicanos como el Palacio Nacional escapó a la arbitrariedad publicitaria de una empresa como Coca-Cola cuando se presentó el trofeo de la copa del mundial en marzo pasado. Diluyéndose las fronteras entre lo público/histórico y el interés eminentemente privado.
Entre los macro-eventos de fútbol y las marcas patrocinadoras existe una relación de larga data que se intensificó hacia finales de la década de los setenta del siglo XX. Pero actualmente esa relación se potencia con el carácter más incisivo y omnipresente de la publicidad desde el pre-partido, el partido propiamente dicho y........