El salario es como un caramelito |
Que un docente reciba un salario como el que recibe hoy, dice un mundo de cosas. Dice (y mal) de esa imagen o motivo que la revolución puso andar con aquello de volver al maestro de las Américas y hacer de la educación un buen servicio público. Eso fue una suave brisa «revolucionaria» que quedó sin fuerza y se tiró por un farallón . Hoy hay un total vacío en las escuelas de educación del país que se quedaron sin estudiantes. Un servicio o actividad tan importante para un país, quedó desnuda.
Pero hoy, colocando la mirada a las explicaciones que desde la «revolución» se ofrecen para razonar y justificar, la condición de un salario que ya está a punto de llegar a cero, deja muy claro, que el concepto de salario se diluyó. La oposición y el gobierno van a un encuentro muy tierno en este tema. La polarización temática casi nunca existió, más bien ha sido una polarización sobre rabia y sustentada sobre consignas vacías. La oposición y la revolución tienen el tema del salario despolarizado. El consenso está clarito
El salario como esfuerzo y trabajo dejó de ser eso y hoy en un poco menos que una limosna. No porque es una limosna lo que nos dan, sino porque existe el convencimiento, a través de las figuras de «aumento responsable» «sustentabilidad del salario» , «bloqueos» y otros «argumentos», que efectivamente no hay condiciones para corresponder con ese esfuerzo que llamamos trabajo. El trabajo carece de valor. Se deja ver muy claro, que el salario no es un pago por un esfuerzo, sino un capricho que surge luego (al final) que la corrupción haya hecho su « constructiva» labor de patria y los empresarios hayan tenido la oportunidad de sacar sus ganancias o taza de beneficios. Si después de eso, si queda la chupeta o el caramelo, los trabajadores lo reciben
Por esas razones no hay recursos en los fondos del Estado y de las empresas privadas, para sostener un salario tal y como lo expone la constitución, que a decir verdad, tampoco es un criterio muy revolucionario.
En todos estos años, los recursos para la corrupción se han sostenido y también se ha asegurado las tasas de ganancia.
El salario hasta para los «revolucionarios" es como un chupeta.