"La nueva doctrina de política internacional de Estados Unidos bajo Donald Trump o el neofascismo al frente de la principal potencia militar"

La publicación, a principios de diciembre de 2025, de la nueva doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos marca una ruptura brutal por su carácter abiertamente militarista, autoritario e ideológicamente reaccionario. Bajo el pretexto del realismo estratégico, la administración Trump asume ahora una lógica de dominación imperial sin complejos, alimentada por referencias neofascistas, la negación del cambio climático y el rechazo explícito de los derechos humanos y el multilateralismo. En esta larga entrevista realizada por Contretemps, Éric Toussaint analiza el documento situándolo en su contexto histórico, económico e ideológico, destacando las importantes implicaciones que tiene para las relaciones internacionales, los pueblos y los movimientos emancipadores.

Contretemps: ¿Puedes situar en su contexto histórico la publicación por parte de la Casa Blanca de la nueva doctrina en materia de política internacional de los Estados Unidos?

Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la política agresiva que Washington lleva aplicando desde hace más de 25 años se acentúa aún más

Éric Toussaint: La publicación de este documento [1] a principios de diciembre de 2025 debe situarse en el contexto de lo que Gilbert Achcar denomina la Nueva Guerra Fría, que ha analizado en su libro del mismo «nombre» [2] . Gilbert Achcar sitúa el inicio de una nueva guerra fría a finales de la década de 1990, cuando Estados Unidos se embarcó en la expansión de la OTAN acelerando la integración de los antiguos países del bloque del Este y ampliando su área de intervención: los países de la antigua Yugoslavia y unos años más tarde, Afganistán. Gilbert Achcar muestra que las decisiones tomadas por Washington fueron objeto de debate entre los estrategas estadounidenses y que fueron los halcones quienes se impusieron, a sabiendas de que ello solo podía provocar reacciones negativas por parte del Kremlin. Vladimir Putin, al frente de Rusia, ha desarrollado un chovinismo gran ruso con la voluntad de aumentar su área de influencia o control sobre antiguas partes de la URSS, con referencias a la grandeza pasada de la Rusia de los zares.

Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca desde principios de 2025 para un nuevo mandato, la política agresiva de Washington aplicada desde hace más de 25 años está tomando un giro aún más acentuado. El dramático aumento del gasto militar que comenzó a nivel internacional hace más de una década está experimentando un salto cualitativo.

Aquellos que, en la izquierda, han afirmado durante las últimas décadas que el sistema capitalista mundial había superado la etapa clásica de los imperialismos [3] y que se había pasado a un superimperialismo liderado principalmente por multinacionales, cuyos vínculos con su Estado de origen se habrían alterado y distendido profundamente, se han equivocado.

La evolución del mundo capitalista sigue estando dominada por la política de los Estados más poderosos. La fase denominada de globalización/mundialización supuestamente virtuosa (según la versión apologética puesta de moda por el foro de Davos y la mayoría de los gobiernos), con la internacionalización de las cadenas de producción, incluyendo a China y las potencias del G7 (y parcialmente a Rusia, integrada en el G8 hasta 2014-2015) junto con el aumento del libre comercio, ha quedado atrás.

Numerosos conflictos armados han marcado la historia desde la Segunda Guerra Mundial, incluso durante el breve período (parte de la década de 1990) que siguió a la Guerra Fría, y se han intensificado durante la nueva Guerra Fría que comenzó a finales de los años noventa.

Las grandes potencias imperialistas, lideradas por Estados Unidos, han retomado el camino que conduce a guerras internacionales, incluso mundiales. Rusia, con la invasión de Ucrania en 2022, ha dado argumentos a Washington para acelerar y acentuar su política belicista.

Rusia, dirigida por Vladimir Putin, potencia capitalista e imperialista de segundo orden pero que dispone de armas nucleares y abundantes recursos fósiles, creyó poder aprovechar los fracasos de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán y Oriente Próximo para llevar a cabo una invasión masiva de Ucrania en 2022. Pero, desde su punto de vista, calculó mal y no previó que el pueblo ucraniano iba a resistir masivamente. Putin pensó que el régimen de Zelenski (neoliberal, que aplica las recetas del FMI y del Banco Mundial) se derrumbaría y que las victorias militares serían rápidas e irreversibles.

Las potencias imperialistas occidentales han antepuesto sus propios intereses y la OTAN se ha reforzado con la adhesión de Finlandia en 2023 y Suecia en 2024. Por el contrario, las sanciones contra Rusia tuvieron pocos efectos y la guerra que continúa sirve de justificación para un enorme aumento del gasto militar de los países de Europa Central y Occidental y para la reactivación de los dispositivos de combate y despliegue en el extranjero de sus ejércitos, todo ello bajo el liderazgo indiscutible y arrogante de Washington.

Por su parte, Estados Unidos, bajo la dirección de Trump durante su segundo mandato, consideró que su ofensiva no debía dirigirse directamente contra Rusia, sino contra China, que representa una potencia competidora mucho más poderosa económica y políticamente que Rusia. Esto queda expuesto de manera muy clara en el documento Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América.

Contretemps: ¿En qué medida los problemas económicos agravan las tensiones?

Éric Toussaint: El capitalismo a escala mundial está en crisis y no ha sido capaz de recuperar un ritmo de crecimiento sostenido, hasta el punto de que se puede hablar, como el economista Michael Roberts, de una larga depresión. No somos en absoluto partidarios del crecimiento, pero, desde el punto de vista del capitalismo, el hecho de no poder volver a un crecimiento sostenido constituye un verdadero problema para garantizar la acumulación de beneficios. Esta crisis, especialmente grave en las antiguas potencias imperialistas (= el G7), exacerba las tensiones entre el bloque dominado por Washington, por un lado, y Pekín por el otro, que mantiene un crecimiento sostenido aunque se esté desacelerando.

La preparación y realización de conflictos armados internacionales forma parte de las respuestas que las clases capitalistas de las diferentes potencias utilizan periódicamente para encontrar una salida a las crisis económicas y buscar la expansión o el mantenimiento de su influencia. Lo hemos visto en varias ocasiones a lo largo de los siglos XIX y XX.

Contretemps: ¿Qué dice el documento estratégico de Trump sobre el ejército estadounidense y el uso de la fuerza?

Éric Toussaint: Trump no duda en adoptar un tono belicoso:

«Queremos reclutar, entrenar, equipar y desplegar el ejército más poderoso, letal y tecnológicamente avanzado del mundo para proteger nuestros intereses, disuadir las guerras y, si es necesario, ganarlas de forma rápida y decisiva, con el menor número posible de bajas para nuestras fuerzas.

Y queremos un ejército en el que cada militar esté orgulloso de su país y confíe en su misión.

Queremos la disuasión nuclear más sólida, creíble y moderna del mundo, así como sistemas de defensa antimisiles de nueva generación, incluido el Domo Dorado para el territorio estadounidense, con el fin de proteger al pueblo estadounidense, los intereses estadounidenses en el extranjero y los aliados de Estados Unidos. » NSS 2025 , p. 3.

En varios lugares se indica que Estados Unidos se reserva el derecho de llevar a cabo operaciones militares donde considere oportuno y de seguir recurriendo a la fuerza para defender sus intereses. Trump se jacta en la introducción del documento de la intervención militar en Irán contra instalaciones nucleares civiles. Escribe: «Hemos destruido la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán» («we obliterated Iran’s nuclear enrichment capacity»).

Durante el año 2025, en violación del derecho internacional, recurrió sistemáticamente a la fuerza, ya fuera en el mar Caribe contra Venezuela (con el pretexto de la lucha contra el tráfico de drogas), en Yemen, Siria o Nigeria, sin olvidar, por supuesto, el apoyo incondicional al ejército israelí y al gobierno neofascista de Netanyahu en la comisión de un auténtico genocidio contra el pueblo palestino. A principios de enero de 2026 ordenó una agresión militar a gran escala contra Venezuela secuestrando a la pareja presidencial y trasladándola a Nueva York para juzgarla ante la justicia estadounidense por acusaciones falsas, a la vez que anunciaba que tomaba el control de los recursos petroleros del país.

Cuando la administración Trump aborda la situación en la región indopacífica lo que queda de manifiesto es que Estados Unidos amenaza con utilizar la fuerza contra China si Washington considera que sus intereses están en juego. Se ve que está preparando como uno de los posibles pretextos para justificar una acción militar la necesidad de mantener la libre circulación en el mar de China o en otros lugares.

Contretemps: ¿No afirma Trump que Estados Unidos ha pagado la factura de la defensa de sus aliados y, en particular, de los países miembros de la OTAN?

Éric Toussaint: Efectivamente, Trump adopta una narrativa totalmente falsa cuando escribe que las administraciones anteriores «permitieron a sus aliados y socios descargar el coste de su defensa sobre el pueblo estadounidense» («They allowed allies and partners to offload the cost of their defense onto the American people») NSS 2025, p. 1.

Esto es objetivamente falso y sirve para justificar la presión que Trump ejerce sobre sus aliados, a los que trata como vasallos, para que aceleren el aumento del gasto militar que ya habían iniciado hace una década. En la NSS 2025, en la página 12, se afirma que:

«El presidente Trump ha establecido una nueva norma mundial con el Compromiso de La Haya, que compromete a los países de la OTAN a dedicar el 5 % de su PIB a la defensa, compromiso que nuestros aliados de la OTAN han aprobado y que ahora deben respetar. » NSS 2025 , p. 12.

Efectivamente, como pudo constatar el público, el secretario general de la OTAN, el ex primer ministro holandés Rutte, declaró ante Trump durante una cumbre de la Alianza Atlántica celebrada en La Haya en junio de 2025: «El abuelo tiene razón al enfadarse con los miembros de su familia cuando no se comportan bien». Fue el ejemplo perfecto del comportamiento vasallo de Europa hacia el presidente de los Estados Unidos. Y un mes más tarde, a finales de julio de 2025, la presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, hizo gala de su sumisión al visitar las........

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