Deseario |
Escribo deseos en estos bordes de cada año como una suerte de ritual laico, sin fe en los augurios, pero cargado de memoria de las heridas. No para cerrar ciclos ni saldar balances, sino para volver una vez más sobre el gesto: insistir en nombrar, recordar -y recordarme- aquello que duele, lo que resiste, lo que insiste, lo que desea y lo deseado. Tal vez porque, después de escribir largamente sobre tragedias y proyectarlas contra un horizonte utópico aunque erosionado, lo que surge no es fe ni promesa, sino el deseo. Y así, año a año, reaparezco con algo que podría llamarse ”deseario”.
Así que me encantaría que el agotamiento no sea leído como derrota definitiva sino como prueba de haber estado ahí, de haber puesto el cuerpo, la palabra, el amor, el tiempo, a cambio incluso de asfixia, palazos, gases y balas de goma. Que no nos avergüence admitir la fatiga, que a veces abruma sostenerse en la intemperie cuando el mundo naturaliza la barbarie. Que no nos reclame sonrisas performativas ni optimismos de cotillón para disimular desconciertos. Porque seguiremos resistiendo aun batidos, aun dudando, aun con el cuerpo pesado y la imaginación magullada.
Espero además que sepamos cuidar las resistencias capilares: la conversación sostenida y aguda, el abrazo que se repite, el humor que irrumpe como sabotaje íntimo contra la solemnidad del espanto. Que admitamos que no todos los gestos transformadores tienen forma de barricada y que sin embargo ninguna barricada se sostiene sin las brasas ocultas en esos gestos. Que no terminemos siendo administradores del mal menor, ni expertos en resignaciones sofisticadas confundidas con lucidez.
Deseo que los líderes carniceros no sigan disfrazados de estadistas excéntricos, y que sus máscaras caigan como hojas marchitas ante el viento de alguna memoria colectiva y se exhiban como lo que son: crueles y prolijos administradores de la muerte ajena. Que las trump(as) discursivas estallen en la boca de quienes las profieren y que los milei(s) de desahuciados no sigan........