Betancourt, con minoría, se impuso. La "izquierda" como ahora, estaba en las nebulosas |
Aquella segunda Convención Nacional de AD, empezando 1958, realizada después de la caída de la dictadura y la primera siendo Betancourt presidente, se realizó en Caracas, en un teatro o mejor sala de películas, si mal no recuerdo en San Agustín.
Betancourt no asistió a aquella Convención, como práctica y resultado de sus naturales habilidades o argucias, las mismas que lo hicieron presidente y para mantener, como un actor equilibrado, el prestigio de máximo dirigente del partido, pese su fracaso en la lucha clandestina, dada todo el tiempo, desde el exterior puso en práctica una táctica terrorista que destruyó al partido, sacrificó a montones, generó incontables "mártires", muertos y presos por largos años, como que dio bastantes argumentos a la dictadura para reprimir al máximo y hasta justificarse a nivel internacional.
Es bueno recordar, para explicar esa conducta que, Betancourt, intentando vender una imagen de unificador, por supuesto de las fuerzas más conservadoras y coincidentes con él, lo primero que hizo, fue pedirle al partido "libertad de acción". Eso implicaba o implicó que, en sus gestiones gubernamentales, empezando por la integración del gobierno y sus políticas, no estaría obligado a consultar al partido y menos sujetarse a las orientaciones de éste. Y aquel partido todo, lleno de contradicciones, pero mal manejadas, como ha hecho la llamada izquierda desde su existencia, cayó en la trampa y le otorgó ese derecho.
Al hablar de esto, es bueno detenernos, aunque sea en algún detalle. Pues hay algo digno a destacar, como aquel gesto, pese fuese una morisqueta, daba un enorme valor al partido. El presidente electo y los factores de poder, eso reconocían. Como percibían que AD, en aquel momento, era un partido rebelde, remozado, nacido de las luchas contra la dictadura y, donde, según se creía, gran parte de su dirigencia y militancia, tenían conciencia de sus deberes y derechos; lo conquistado hasta aquel momento era el resultado de sus esfuerzos y sobre eso había suficiente conciencia. Y Betancourt, eso sabía. Pero aquel espíritu de "unidad" prevaleciente, derivado de las luchas que desembocaron el 23 de enero y prevaleció en el evento sobre el cual trato en este trabajo, fue interpretado de manera mecánica, convencional y clasista; una unidad entre quienes tenían un propósito común, el derivado del Pacto de Nueva York y su sustituto, el de "Punto Fijo", ajenos a los intereses populares y el futuro de Venezuela.
"La frágil y convencional idea de unidad" toda de AD, acordada en aquel CDN, del cual hablo aparte, donde se escogió la candidatura de Betancourt, justamente por la incapacidad de los factores progresistas a reconocerse, extenderse la mano y dejar de ser competitivos entre sí, siguió prevaleciendo.
Cuando Betancourt regresó a Venezuela, después de tantos años en el exilio, la dirigencia que había emergido de la clandestinidad, heredera de la cultura y visión política de Leonardo Ruiz Pineda, acudió al aeropuerto de Maiquetía a rendirle pleitesía y reconocer su liderazgo. Todavía poco se conocía de sus planes y pesaba demasiado su historia de fundador y exiliado. Siempre me he preguntado ¿qué hubiera pasado si Leonardo Ruiz Pineda no hubiese muerto?
Fue Simón Sáez Mérida, un joven recién egresado del Pedagógico de Caracas como profesor de Literatura, el entonces secretario general del Partido, emergido de la clandestinidad y responsable de las luchas de los últimos tiempos contra la dictadura, quien encabezó la delegación encargada de darle la bienvenida a Betancourt y reconocerle como presidente del Partido. Un reconocimiento inadecuado, dado que, el liderazgo de Leonardo Ruiz Pineda significó una ruptura con la línea y dirección de Rómulo Betancourt. Pero esa joven vanguardia, no tenía la perspicacia necesaria y era heredera todavía del culto a Betancourt. No se trataba de romper con él y los suyos, pues eso hubiese sido un disparate, pero tampoco reconocerles méritos y derechos que no se habían ganado, dado que los cargos que, de inmediato ocuparon, habían venido siendo desempeñados por militantes de verdad, de aquellos clandestinos que enfrentaron con éxito la lucha contra la dictadura.
Por supuesto, la multitud,........