Soy de Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto
Razones y los títulos de una escritura.
El nativo ha de sentir su pueblo, el espacio que lo vio nacer, es una identidad única, entre el nacido y el terruño, es una relación colmada de amor, de pasión, de ternura, de sentimientos y de defensa por la tierra, por la cultura, por sus ascendientes y antepasados, es la continuidad en el rastro hereditario, la de los originarios pobladores y la de la posterior sangre pobladora, que dejó sus respiros, sus querencias, sus amores y su impronta en nosotros, es la huella del cacique Meregoto, la prolongada piel de Francisco Hernández, firmante del Acta de la Independencia; la impronta en las venas de Rafael Hernández León; la de Amelia Miranda Orta; la de Amparo Monroy Power y de Felipe Hernandez Orta; la de Esteban Kisler Orta; lo es también, el sudor del pueblo que construye nuestras costillas, que hace posible su existencia, que edifica cultura real y silenciosa, con el sello de sus callosas manos, la del labrador de vida y de pueblo, junto a la tiza del pizarrón, que no espera, no exige reconocimientos, que ignora la burocracia, y que poco le importa medallas y diplomas, pero sí mucho el destino y la existencia de la tierra en la que comparte sus respiros.
Es voz viva, es trabajo, constancia, perseverancia, edificación, limpia escritura, es auténtica poesía, es la dignidad cristalina y pura del mar, la del primer amor, con quién se casa para siempre, lo es todo, ese paisaje que vé por primera vez el recién nacido, que envuelve su llanto entre los cantos de las paraulatas y de los loros, que escucha el cantar de los gallos, que siente la brisa fresca debajo del mango, cuando las anciana manos de la abuela, mueve, mece su cuna al aire libre, mientras lava los pañales.
Luego viene el juego de metras, la perinola, el escondido, el trompo, el gurrufio, los cumpleaños y se va ampliando el mundo de las amistades y con ello el encuentro, con una manera de pensar y de comunicarse.
Años tras años el imperceptible crecimiento, la estatura se alarga, lo músculos toman formas, se abre la posibilidad de ver el mundo de manera diferente, de encontrarse con las lecturas disciplinada, sin horario ni días fijos, con angustias por llegar al fondo del conocimiento, todo nuevo saber al servicio de la pedagogía militante, la universalidad democrática del conocimiento, distribuida, repartida favor del terruño, de ese pedacito de espacio que ha visto crecer a un ser humano, y espera de él la mejor defensa, la protección y el combate a las agresiones, a las ofensas, a la suicida violencia ejecutada contra la naturaleza, contra la geografía que escuchó su primer llanto. Es la genuina y válida confrontación contra el forastero y contra el mal hijo, que los hay.
Y en ese ir y venir de recíproco amor, se destaca la necesaria escritura para que "todos sepan lo que no deben ignorar" y en cada letra, en cada oración la crítica que educa, la actitud didáctica, enseñante, aleccionadora de ejercitar la auténtica ciudadanía, es hacer valer los derechos, con gallardía, con honradez con resuelta probidad, con autonomía, con libertad, con soberanía y con responsabilidad. Es el "juzgar las cosas, no........
