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Cagua, los Araguatos, el bosque y el mito del desarrollo y el progreso

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24.08.2026

Soy de Cagua, soy Caribe, soy Meregoto.

Escrito con amor y franqueza al servicio del pueblo

Hay muertos que respiran.

Dedico estas líneas al filósofo, historiador, hermano Jesús Manuel Vivas Pineda

Cagua, desde las primeras comunidades Caribes y Meregoto, desde tiempo ancestrales, fue un espacio aprovechado por sus potencialidades agrícolas, fértiles su suelo aluvional, clasificado como A1, condición indispensable para producir más de cuarenta renglones agrícolas destinados a la alimentación de la población, bien aprovechado por las comunidades indígenas, en una armónica relación hombre y naturaleza.

Su importancia como productora agrícola se mantuvo durante y después de la conquista y de la colonia, también ha funcionado como puerta comunicativa hacia los llanos de Guárico y Apure y como encrucijada comercial de trueque, ventas y del intercambio de los productos con otras localidades y con el exterior, con las islas, ciudades y pueblos del mar Caribe. La presencia de su cerro (indebidamente llamado con el epónimo de "El Empalao") hipotéticamente usado ante de la llegada del invasor europeo como punto de observación astronómica y geográfica, desde donde se mira todo el Valle de los Tacarigua, "usado como un excelente punto de seguridad, control y visualización de cualquier movilización o presencia humana", conforme a la apreciación de nuestro muy querido, admirado y respetado filósofo, verdadero y auténtico historiador Jesús Manuel Vivas Pinedas, a quien visite este domingo, junto a mi hija Laura y mi nieta Laureny, en su acogedora vivienda, rodeada de árboles, vida, sabiduría y honradez.

Dan rastro de su actividad agrícola privilegiada, del permanente asiento de la comunidad aborigen, de su estrecho y profundo vínculo con la tierra y de su organización territorial, la construcción de un cementerio, cuyos rastros existe, presente los restos de nuestros ascendientes (aún ante la indiferencia y dejadez de los gobiernos municipales), al punto que permitieron la construcción de una urbanización, al pie del cerro, sitio donde se encontraron restos humanos precolombinos, que lamentablemente no fue causa (como debió ser) para paralizar la obra urbanista y convocar a los antropólogos, arqueólogos y afines para iniciar el debido estudio de nuestros antepasados. Como especie de un sainete caótico mal montado, denominaron al urbanismo "Tierra Santa", lo cual no bastó para preservar este monumento histórico, esa reserva cultural, ese tesoro de nuestra identidad, de nuestro origen y de nuestra historia,........

© Aporrea