Imperialismo en Agonía: El Bombardeo como confesión (crónica de la desesperación y la resistencia) |
Un testimonio desde el epicentro de la agresión
Prólogo: El Cráter y la Confesión
La teoría encontró su cráter. La desesperación analítica se volvió humo de explosivos y silencio de muertos. Mientras el Caribe parecía sostenerse en la tensión calculada de la "calma estratégica", la agonía del imperio saltó el tablero. Aviones de combate de los Estados Unidos bombardearon suelo venezolano. El objetivo declarado: secuestrar o asesinar al Presidente constitucional Nicolás Maduro Moros. El resultado real: víctimas civiles y militares cuyo número el duelo aún cuenta, infraestructura destrozada, y la violación más obscena de la Carta de la ONU y de la soberanía de un pueblo.
Este texto ya no es solo un análisis. Es una crónica escrita desde el epicentro de la confesión final. El bombardeo no es un "giro en los acontecimientos". Es la materialización necesaria de todo lo que veníamos diciendo: un orden mundial basado en la unipolaridad y el mito de la virtud imperial, al verse acorralado por su propia irrelevancia y la firmeza de sus adversarios, no tiene un plan para el futuro. Solo tiene guiños para reciclar los peores fantasmas del pasado. Y el peor de ellos es el ataque directo, la guerra de agresión no declarada. Con este acto, Estados Unidos no ha demostrado fortaleza. Ha firmado, con fuego, su acta de defunción como árbitro legítimo de nada. Ha cambiado para siempre la naturaleza de la resistencia.
I. La Anatomía de la Agonía: Del Cálculo al Crimen
La desesperación imperial no es caótica. Es metódica. Sigue una escalera lógica que, al quebrarse cada peldaño, conduce al abismo.
El primer peldaño fue el Cálculo del Espectáculo. Donald Trump, acorralado por tribunales y una reelección incierta, necesitaba un clip televisivo, no una guerra. La Flota Sur fue la escenografía para un "gran espectáculo" de baja intensidad. Buscaba la reacción histérica que justificara el titular del "hombre fuerte". Chocó con la doctrina venezolana de la "calma, cordura y nervios de acero". La frialdad desarmó la propaganda. La no-reacción fue el contraataque perfecto. El espectáculo fracasó.
El segundo peldaño, el Cálculo del Casus Belli, fue más cínico. Al fallar el drama, se recurrió al mapa viejo: el Esequibo. La narrativa se reescribió: de territorio robado por el colonialismo británico a "amenaza venezolana a un pequeño aliado". La embajadora estadounidense garantizaba protección a ExxonMobil; el senador Marco Rubio pre-anunciaba un "día muy malo". Era el guion de Irak y Siria: crear la víctima, identificar al agresor, posicionarse como sheriff. Pero este cálculo subestimó la memoria histórica latinoamericana y la solidez del Acuerdo de Ginebra de 1966. El casus belli fabricado era demasiado obvio, demasiado lento.
El tercer peldaño fue el Cálculo del Robo. Cuando la narrativa y la provocación se agotaron,........