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Desde los escombros de la geopolítica de EEUU

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07.01.2026

Tras el humo del 3 de enero, cuando la llamada "calma estratégica" se hizo añicos al ritmo de los misiles, la primera reacción fue el estupor. Sin embargo, al enfriarse los cráteres y descifrar la inquietante "anomalía" del silencio de los radares –esa ausencia de defensa que hoy se analiza no como falla, sino como variable operativa– emerge una tesis audaz: lo que Washington celebra como una victoria quirúrgica es, en realidad, un cebo histórico. Y el imperio ha mordido el anzuelo con la arrogancia de quien se cree dueño del tiempo y la ley.

I. LA CAPTURA COMO CONFESIÓN: EL SUICIDIO DEL "ÁRBITRO"

La narrativa oficial en Washington califica los eventos como una operación de precisión, un "caso de libro" de efectividad militar. Sin embargo, es en la misma pulcritud operacional donde reside su mayor vulnerabilidad jurídica. La acción ejecutada –un ataque armado en territorio soberano para la captura de un mandatario– colisiona de frente con el Derecho Internacional consuetudinario y el sistema de seguridad colectiva erigido en 1945. Al optar por esta vía, Washington no ha demostrado fortaleza, sino que ha elegido desvestirse de su rol autoproclamado de garante para actuar bajo el prisma más crudo de la razón de fuerza.

La credibilidad institucional, ese capital intangible que tarda décadas en construirse, puede evaporarse en la hora que dura una operación militar. Lo que algunos celebran como triunfo, la historia del derecho bien podría registrarlo como un acto de renuncia a la propia autoridad moral. No es una demostración de poder; es la confesión implícita de quien abandona las reglas que una vez dijo custodiar. Aquí surge la primera duda sistémica: ¿Cómo podrá el mundo volver a confiar en un "árbitro" que, al verse acorralado, prefiere incendiar el reglamento antes que perder el juego?

II. EL CEBO DE LA UNIPOLARIDAD: LA TRAMPA DE LA "VICTORIA FÁCIL"

La facilidad misma de la captura constituye el primer eslabón de su propia condena. Desde la óptica del análisis estratégico, se asemeja a un "judo geopolítico": usar la fuerza desmedida del contrincante para desbalancearlo. La ejecución de la operación, en pleno año electoral norteamericano, invita a una lectura que trasciende lo geopolítico. Diversos analistas internacionales han señalado la creciente tentación de convertir la política exterior en espectáculo para consumo interno.

Esto plantea la pregunta incómoda: ¿Respondió la acción a una necesidad de seguridad hemisférica o a la urgencia de un hecho consumado televisivo? Al permitir que la agresión se materializara de forma tan obscenamente visible, se obligó a los Estados Unidos a exponer, ante el escrutinio global, que su política........

© Aporrea