Venezuela, en plena batalla juridica: El General Páez y la Pradera de las 1000 Palabras

—¿A quién consulto para incendiar la pradera de 1000 palabras? General Páez. Preguntó el teniente Carvajal, con un mapa en una mano y una yesca en la otra, mientras el viento llanero silbaba como un becerro despeinado.

El general José Antonio Páez, montado en su caballo «Aliento de Fuego», se quitó el sombrero de copa (que usaba más para beber agua que para el sol) y respondió con su voz que retumbaba como un cajón de tambores desafinados:

—¡Mi teniente! Usted no le consulte a nadie, caramba. Prenda la candela y después, con el humo, pregunte quién es el quejumbroso.

Pero… ya que pregunta, yo le digo: en esta guerra, para quemar una pradera de exactamente 1000 palabras, hay que asesorarse con el más sabio de los llaneros… ¡El loro del campamento!

El loro,........

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