La embestida contra Rusia |
La guerra contra Irán está modificando el otro conflicto bélico actual de gran alcance que se desenvuelve en Ucrania. Allí se agrava la tensión y se debilitan las posibilidades de algún armisticio, a medida que Trump relega su intención de acordar con Putin. La escalada occidental contra Rusia fomenta respuestas, que pueden desembocar en una conflagración general.
UN ACOSO DE LARGA DATA
La guerra contra Rusia es un viejo objetivo de las elites capitalistas de Estados Unidos y Europa, que durante todo el siglo XX apostaron a la demolición de la Unión Soviética para contrarrestar el desafío socialista.
La implosión de la URSS envalentonó a los agresores que intentaron debilitar, dividir o neutralizar a su gran rival euroasiático. Buscaron capturar los inconmensurables recursos naturales y materiales de ese país y estuvieron a punto de conseguir el desmembramiento de Rusia durante el desgobierno de Yeltsin. Posteriormente optaron por una estrategia de provocación y acoso.
Esa ofensiva se consumó mediante la ampliación de la OTAN hacia el Este y el establecimiento de una red de bases militares en las fronteras de Rusia. Esa estrategia fue asumida como una política de Estado por los mandatarios estadounidenses y europeos de distinto signo. En el auge de la unipolaridad se concibió incluso la propia integración de Rusia a la OTAN para precipitar su desmantelamiento (Mearsheimer, 2026). Cuando el Kremlin puso un freno al hostigamiento exigiendo el fin del asedio fronterizo, el conflicto subió de tono y desencadenó la guerra de Ucrania.
Estados Unidos promovió con especial intensidad ese conflicto, para forzar la ruptura de Europa con Rusia y aumentar el padrinazgo norteamericano sobre su socio transatlántico (Coll, 2026). La sangría de Ucrania aceleró drásticamente ese proceso, especialmente en el plano económico, mediante el acompañamiento de Bruselas a las sanciones impuestas por Washington a Moscú.
Ese seguimiento derivó en la asfixia energética que afronta el Viejo Continente, desde el sabotaje de la CIA al gasoducto Nord Stream. Ese atentado detonó un deterioro energético que ha privado a la Unión Europea del gas barato suministrado por su abastecedor ruso. Las compras de ese origen se desplomaron del 40 % al 9% del total de gas importado y precipitaron dramáticas consecuencias para la industria del continente. La sustitución del combustible barato de Rusia por el encarecido gas licuado estadounidense ha demolido la competitividad de Alemania.
Ese desmoronamiento económico europeo contrasta con la salida que encontró Rusia para lidiar con las sanciones de Occidente. Optó por un drástico giro comercial hacia Oriente, que le permitió sustituir mercados y asegurar el flujo de divisas requerido para financiar la costosa guerra de Ucrania (Ellner, 2026). Mientras que el intercambio de Rusia con Europa decayó del 47 % al 11 % del total comercializado, su vínculo con los países asiáticos saltó del 29 al 66 % (Boron, 2025).
Moscú ha logrado sobrellevar la contienda bélica con nítidas ventajas. Al cabo de cuatro años de mortíferas confrontaciones inclinó la guerra a su favor. Mantiene la supremacía general de los enfrentamientos y fija el ritmo de los desenlaces. La larga trinchera que separa a los contrincantes se mueve con lentitud por decisión del Kremlin, que pospone una drástica ofensiva para ahorrar bajas y evitar una irremontable ruptura con vecinos de su propia configuración.
Putin no ha mostrado ninguna urgencia en demoler a sus enemigos en el campo de batalla, porque apuesta al auto deterioro de su enemigo. Todas las contraofensivas que intentó Zelensky terminaron en fracasos, que acentuaron el declive de esa corrupta presidencia.
El resultado actual del conflicto descoloca a Washington y a Bruselas, que inicialmente esperaban un desplome de Rusia semejante al sufrido en Afganistán y posteriormente apostaron a una mayor capacidad de resistencia de Kiev.
DESVENTURAS Y ESCALADAS
Desde su llegada a la Casa Blanca Trump afronta una interminable sucesión de adversidades para acordar con Putin. Mantuvo encuentros con su par para concertar ese convenio y le propuso un reparto de las riquezas de Ucrania entre las dos potencias. Negoció especialmente el despojo de los recursos naturales, con los ojos puestos en el acervo mineral, las reservas de carbón y las enormes extensiones de tierra del suelo más fértil de Europa.
El magnate concibió, además, un ambicioso programa de privatización de los activos estatales bajo control de empresas estadounidenses, diseñado por el principal fondo de inversión de Occidente (Blackrock). Aprobó un completo plan de remodelación de Ucrania basado en exenciones fiscales, ventajas arancelarias y privilegios monetarios para el dólar (Pont, 2025a).
Su proyecto de reconstrucción abría enormes negocios para las empresas interesadas en lucrar con la rehabilitación de una economía demolida, pero con gran perspectiva de exportación de granos y remate de los activos desvalorizados por la guerra. La condición de esos emprendimientos era la finalización de un conflicto que Trump intentó negociar sin ningún éxito.
Putin simplemente repitió las mismas exigencias que desataron la confrontación. Reclamó la desmilitarización de Ucrania, la reducción del ejército de ese país a una acotada guardia, el explícito alejamiento de la OTAN y la fijación de estrictos límites a la red de misiles instalados en Europa del Este. A esas viejas demandas, añadió la incorporación de........