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La batalla contra la colonia petrolera de Trump

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07.01.2026

Con el secuestro de Maduro, Trump incorporó a dos novedades a la brutalidad imperial. Explicitó su propósito de robar el petróleo y su pretensión de instaurar un dominio colonial.

Su disparatado argumento para hurtar el petróleo, es la pertenencia de ese recurso a Estados Unidos por alguna inversión realizada en el pasado. Con ese criterio, Texas, California y Arizona deberían ser inmediatamente devueltas a México, pero el magnate es un matón que no razona. Proclama una apropiación que comenzó con sanciones, bloqueos y la confiscación de la filial externa Citgo.

Propicia ahora el despojo total, para impedir la creciente exportación de crudo a China. Exige la disolución de la empresa estatal PDVSA y su inmediato reparto entre las grandes compañías estadounidenses. Motoriza esa captura con urgencia, porque en Venezuela se localizan las mayores reservas del mundo. El expropiador diseña también una base militar para custodiar su ansiada colonia petrolera.

FALACIAS, PRETEXTOS Y BRAVUCONADAS

El ocupante de la Casa Blanca anunció que gobernará directamente en Caracas, con un modelo semejante al diagramado para Gaza. Pretende asumir la dirección personal de ambos protectorados con el simple fundamento de la coerción. Anticipó esa dominación con actos de piratería, presencia de una gran armada y operaciones confesas de la CIA.

Ya comienza a conocerse que su rapto de Maduro, no fue el operativo quirúrgico que relataron los difusores hollywoodenses. Entre los defensores del presidente hubo por lo menos 80 caídos y entre ellos 32 militares cubanos. Tarde o temprano se sabrá cuántas bajas tuvo el bando de los asaltantes.

El pretexto del narcotráfico apenas reaparece, desde que Trump indultó por ese delito a un condenado ex presidente de Honduras. Suele coordinar, además, todo tipo de acciones con sus narco-aliados de Colombia y Ecuador, sabiendo que Venezuela no figura como productora, vía de tránsito o partícipe de la provisión de drogas. Nadie aportó indicios de conexiones del gobierno chavista con el extinto Tren de Aragua y tuvieron que desechar la acusación de vínculos con el mítico cártel de Los Soles.

Esa carencia de pruebas transforma el juicio a Maduro en Nueva York en un disparate procesal. La demonización mediática ha sido complementada con la presentación del presidente venezolano como un delincuente común. Pero el debut de esa infamia, ya chocó con un sobrio mandatario que se declaró "prisionero de guerra".

En otra secuencia de sus inconexas bravuconadas, Trump acusó a Maduro de vaciar las prisiones de su país, para enviar asaltantes a Estados Unidos. Utiliza ese dislate para justificar la cacería interna de inmigrantes, afectando en gran medida a la propia comunidad de indocumentados venezolanos.

En una trágica paradoja del escenario actual, quiénes más festejan la agresión yanqui son víctimas directas del imperio. En varias ciudades de América Latina, también celebraron el secuestro de Maduro, sin notar que el fin del chavismo acentuaría la presión para quitarles su condición de residentes.

La prensa hegemónica antepone el adjetivo "dictador" a cualquier mención de Maduro, olvidando que su captor es un impune golpista, que comandó el frustrado asalto a la Casa Blanca. Trump acaba de consumar, además, el fraude presidencial de su servidor en Honduras e instauró el chantaje electoral, para forzar el triunfo en las urnas de su lacayo Milei. La doble vara con Maduro es particularmente escandalosa, cuándo se presenta al corrupto genocida de Netanyahu como un "demócrata" y al criminal monarca saudita Bin Salman, como un "príncipe heredero".

HIPOCRESIAS, AMENAZAS Y DECLIVE

Las hipocresías para diabolizar a Maduro y enaltecer a los verdaderos tiranos pierden gravitación, en este período de burda preeminencia del más fuerte. En una era de garrote y Corolario Trump de la Doctrina Monroe, cualquier argumento pasa a segundo plano. El magnate ha reemplazado los artilugios institucionales del Lawfare por el expeditivo uso del terrorismo.

Salta a la vista que el secuestro de un mandatario es un acto de ese tipo, amoldado al método israelí de capturar o asesinar adversarios políticos, en cualquier parte del mundo. Con el asalto en Caracas, Trump destruyó lo poco que quedaba del........

© Aporrea