El hundimiento del Orden Occidental y el surgimiento de un Mundo Multipolar
El sistema internacional establecido en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, se encuentra en una fase terminal. Este orden, hegemonizado por Estados Unidos y su pax americana, nunca logró una dominación completa debido al contrapeso ejercido por la Unión Soviética y el bloque comunista. Fue precisamente el esfuerzo y el inmenso sacrificio soviético el que contuvo la expansión del Tercer Reich y, posteriormente, disuadió una potencial agresión occidental que pudo haber desembocado en un conflicto nuclear inmediato. Así, la URSS no solo liberó a Europa del fascismo, sino que también constituyó un Segundo Orden Mundial que ofreció una alternativa ideológica y geopolítica al proyecto estadounidense.
Sin embargo, es crucial entender que la dinámica de los bloques no se regía únicamente por la ideología. En el análisis geopolítico, las doctrinas políticas funcionan como un factor más, cuya relevancia se activa o modula en combinación con intereses históricos, económicos y estratégicos concretos. La noción de "totalitarismo", elaborada por pensadoras como Hannah Arendt, sirvió como herramienta conceptual del Occidente liberal para agrupar bajo un mismo epígrafe a regímenes profundamente diferentes (nacionalsocialista, fascista, bolchevique), diluyendo sus abismales diferencias. Su utilidad real era más pragmática: estigmatizar como "totalitario" a cualquier sistema político no liberal y, sobre todo, no alineado con la hegemonía estadounidense. Esta etiqueta se convirtió en la piedra angular del discurso de la Guerra Fría, permitiendo crear una imagen especular del enemigo que justificaba la expansión de la influencia occidental.
Con la disolución de la Unión Soviética entre 1989 y 1991, el llamado "Hegemón" de la Primera Teoría Política (el liberalismo) se quedó sin su contraparte orgánica (la Segunda, el comunismo). El arsenal discursivo de la Guerra Fría se reconvirtió entonces, presentando al fascismo como la única........
