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El servicio exterior : entre la vocación y la distorsión del poder

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07.04.2026

Durante años se ha hablado del deterioro institucional en Venezuela. Pero vivirlo desde dentro del servicio exterior permite entender mejor cómo y por qué ocurrió.

Durante décadas, el país construyó una diplomacia con profesionales formados, reglas y sentido de Estado. No era perfecta, pero funcionaba.

A partir de 1999 se generó una expectativa legítima: corregir errores históricos. Sin embargo, en la práctica ocurrió lo contrario. Muchos de esos errores no solo persistieron, sino que se profundizaron con la incorporación de personal inexperto, seleccionado más por lealtad política que por méritos profesionales.

Desde mi experiencia como Director de Relaciones Consulares, Cónsul General en Houston y Ministro Consejero en París, fui testigo directo de ese proceso.

A mi llegada, encontré funcionarios comprometidos, dispuestos a trabajar en equipo, en el marco de la gestión del canciller Jesús Arnaldo Pérez. Aún recuerdo nombres de excelentes profesionales: Aranxa, Mercedes B, Rosario, Duvis U, Sarah, Leonel H, Lorena, Eunice B, Freddy H, Ana Margarita R y tantos otros, que representaban lo mejor del servicio exterior venezolano. Existía vocación de servicio y sentido institucional.

Todo indicaba que era posible avanzar. Pero no fue así.La alianza supuesta " cívico-militar" no funcionó.

Funcionarios "aliados", obsesionados con el poder, bloquearon procesos de cambio y contribuyeron a la salida del canciller Pérez, sustituido posteriormente por Alí Rodríguez. A partir de ese momento, el ambiente comenzó a deteriorarse progresivamente.

Como dice el tango, el servicio exterior fue "cuesta abajo en su rodada".

A partir de 2006 se desarticularon instancias claves como Auditoría Interna y Recursos Humanos. Sin controles, llegó el desorden. Y con el desorden, la arbitrariedad.

Comenzó lo que muchos, sin exagerar, denominaron "la piñata rojita".

Las consecuencias fueron evidentes:

Nepotismo y amiguismo institucionalizados

Desplazamiento de funcionarios de carrera

Ausencia de evaluaciones

Eliminación de auditorías

Acoso laboral y abuso de poder

Despidos injustificados

Sustitución del mérito por el chisme y la calumnia

Se configuró así un sistema paralelo que fue desplazando normas, procedimientos y valores.

Sin embargo, incluso en ese contexto, fue posible demostrar que otra forma de gestión sí era viable.

En Houston, durante mi gestión, abrimos las puertas del consulado a una comunidad venezolana que había sido excluida por razones políticas. No obstante, posteriormente esa misma comunidad sufrió el cierre del consulado en 2008, en el contexto de una escalada diplomática entre Venezuela y Estados Unidos.

Este hecho ha sido explicado por el profesor Robert Buzzanco en su artículo "Closed Consulates and Closed Minds: Bush’s Last Shot at Chávez" https://www.hnn.us/article/closed-consulates-and-closed-minds-bushs-last-shot ) donde describe cómo la dinámica de confrontación derivó en una política de "tit for tat" (acción–reacción) entre ambos gobiernos.

En efecto, la crisis se originó tras la decisión del presidente Hugo Chávez de expulsar al embajador de Estados Unidos en Caracas, en solidaridad con Evo Morales, quien había tomado una medida similar en Bolivia. Como respuesta, la administración de George W. Bushexpulsó al embajador venezolano y posteriormente ordenó el cierre del consulado en Houston, afectando directamente a miles de venezolanos.

Un ejemplo de cómo lo visceral pudo más que la razón.

Un mes más tarde , a la llegada de Obama a la presidencia, el consulado reabrió sus puertas.

En París, junto al embajador Michel Mujica , abrimos espacios hacia los medios de comunicación y fortalecimos relaciones con autoridades francesas, incluyendo el Senado. Pero nuevamente, factores internos y luchas de poder limitaron el alcance de esa gestión.

cuando la lógica del poder sustituye al sentido de Estado, las instituciones dejan de servir al país.

Hoy, en un contexto donde las relaciones internacionales tienden a normalizarse, Venezuela tiene una nueva oportunidad. Pero no habrá reconstrucción posible sin reconocer errores y hacer correctivos de fondo.

Reincorporar a funcionarios despedidos injustamente

Recuperar la meritocracia

Restablecer auditorías y controles

Profesionalizar la gestión de recursos humanos

Exigir formación, ética y preparación al personal diplomático

La diplomacia no admite improvisación.

La reconstrucción del servicio exterior no puede seguir esperando.

Sin reconocimiento a la experiencia, el mérito y a la trayectoria profesional no hay diplomacia, y sin diplomacia profesional, Venezuela seguirá sin voz ni respeto en el mundo.


© Aporrea