Finalidad de la educación
Siempre he mantenido que la genuina educación, más que adaptarse a los cambios, que es el clamor de la inmensa mayoría de los que critican la actual educación, debe dirigir dichos cambios en un sentido ético y estético completamente opuesto a la marcha de hoy. La educación exige la convicción de que es posible el cambio, implica la esperanza militante de que los seres humanos podemos reinventar el mundo en una dirección humana y humanizadora. Esperanza crítica, no ingenua, que necesita del compromiso y sobre todo del testimonio coherente para hacerse historia concreta.
El Derecho a Soñar no aparece en la Declaración de los Derechos Humanos, pero sin este derecho, y sin el agua que da de beber a los demás, todos los otros derechos se morirían de sed. Educar es disoñar (soñar diseñar= disoñar) una nueva escuela, una educación de calidad, un mejor país, un mundo nuevo.
En los inicios de un nuevo año escolar, los tiempos de incertidumbre y crisis que vivimos, tanto a nivel nacional, como a nivel mundial, deben espolear el pensamiento crítico y autocrítico, la creatividad y el coraje de los genuinos educadores. Por ello, frente a la creciente colonización de las mentes, la educación debe orientarse a formar personas capaces de pensar con su cabeza, de pensarse para constituirse en sujetos autónomos de su propia vida, de pensar el país y el mundo para poder contribuir a transformarlos. Educación que promueva el análisis crítico de la realidad próxima y de la problemática nacional y mundial, que capacite para reconstruir y reinventar la cultura y........
