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La otra cara de los derechos individuales

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Una de las estrategias tejidas por los oficiantes del capitalismo, debidamente asesorados por la intelectualidad asalariada, es alimentar la ilusión ciudadana de las gentes a base de oleadas de derechos individuales, que suelen ofertarse como limitaciones del ejercicio del poder. El proceso no es nuevo, sino continuista con los principios propagandísticos difundidos desde la toma del poder por la nueva elite político-económica. Lo visible en ellos es el papel relevante que han ido tomando las personas frente a los que detentan el poder. En una primera lectura, esta generosidad viene a suponer que el ejercicio del poder de la minoría dirigente se autolimita por voluntad propia y reconoce que los integrantes del llamado pueblo cuentan realmente en el panorama político, para que se vaya aproximando a esa utopía de creer ser dueño de su propio destino. Por otro lado, es parte del espectáculo dominante, reflejo virtual de una realidad manipulada, en el que la racionalidad trata de imponerse frente al autoritarismo poniéndole frenos en apariencia. A nivel básico, la función de los derechos individuales es consolidar el orden pacífico entre los ilusionados comunes, aunque no tanto en otras relaciones en las que intervienen los grupos de poder o las elites económicas y políticas.

Simplificando, esta vendría a ser la cara visible de los abundantes derechos otorgados por los gobernantes progresistas a sus subordinados en el plano territorial en el que domina cada uno, como fórmula para demostrar su modelo de progreso, que actualmente ha adquirido notable relevancia, porque algo hay que vender. Ante este casi idílico panorama del que presumen los países calificados de más civilizados, parece oportuno hacer referencia a esa otra cara no tan visible de los llamados derechos individuales de naturaleza civil. Aunque tales derechos no necesariamente........

© Aporrea