Tomándole la palabra al Ministro Héctor Rodríguez: Por qué reestructurar el Estado sin entender el rentismo es arar en el mar
Hace pocas horas escuché con detenimiento las declaraciones del ministro Héctor Rodríguez, quien lleva adelante la colosal tarea de coordinar la Reestructuración del Estado venezolano bajo el gobierno de la vicepresidenta y jefa del gabinete de ministros, Delcy Rodríguez. El ministro hacía un llamado abierto, sincero y urgente a las universidades nacionales. Pedía, textualmente, que abriéramos debates a lo interno de nuestras facultades, que aportáramos investigaciones concluidas y que postuláramos especialistas que miren el problema del Estado desde una perspectiva histórica, técnica y social.
Como profesor universitario, doctor en Economía y en Gerencia por nuestra ilustre Universidad Central de Venezuela (UCV), e investigador que ha dedicado décadas a desentrañar los nudos críticos de nuestra estructura pública, le tomo la palabra al Ministro. Aquí está mi respuesta pública y, sobre todo, mi primera recomendación vinculante para toda la Comisión Presidencial encargada de esta tarea: antes de discutir organigramas, fusionar ministerios o digitalizar trámites, tienen la obligación científica e histórica de leer mi más reciente ensayo teórico-histórico publicado en la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales de la FaCES UCV. ¿Por qué empiezo con esta contundencia? Porque la historia nos ha demostrado, una y otra vez, que cualquier intento de reforma, modernización o reestructuración del Estado venezolano que no comprenda y ataque la raíz económica de su propia conducta, está condenado a ser cosmético. Es, como diría el Libertador, arar en el mar.
La pieza que falta en el debate: El Principio de Transferencia Irreversible
Para reestructurar el Estado venezolano, primero hay que entender qué tipo de Estado tenemos. El error común de la ortodoxia —y de muchas comisiones de reforma del pasado— es creer que el Estado venezolano es ineficiente o hipertrofiado simplemente por un problema de gestión burocrática o de voluntades políticas. No es así. Nuestro Estado........
