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Biorregiones: Diseñando Sistemas Vivos para Venezuela

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Quien ha sentido el frío del amanecer en nuestras cumbres andinas, o el vaho espeso que emerge de los bosques de Guayana, sabe que existe un minuto sin nombre, donde la tierra se queda completamente muda y el tiempo parece detenerse. En ese suspiro donde lo nocturno se desvanece y el día todavía es un rumor en el Orinoco, la luz se toma un respiro antes de definir el rumbo del paisaje.

Es en la antesala de ese nuevo amanecer donde la venezolanidad se juega el futuro; el umbral exacto donde se decide si somos capaces de diseñar sistemas verdaderamente vivos, garantizando que el rugido del jaguar de los llanos, el nado de la tortuga arrau en el Orinoco, la presencia del embajador del bosque húmedo Oso frontino , el vuelo del cóndor en Mérida y del águila  harpía en Guayana, y el canto del cardenalito en nuestros semiáridos, sigan siendo el latido indomable de una Venezuela que ha aprendido a florecer en la adversidad climática.

A lo largo de mi trayectoria como ingeniero forestal, navegando las complejidades de los sectores público y privado en el territorio nacional, desarrollé una mirada crítica sobre la desarticulación de la complejidad en nuestros ecosistemas. He sido testigo de cómo, en las métricas contables y burocráticas, nuestros bosques nativos quedaban degradados a meros listados de madera aprovechable en metros cúbicos, y los acuíferos, auténticos manantiales de existencia para el agro y las ciudades se transformaban en fríos asientos financieros carentes de vitalidad.

Mi enfoque profesional ha evolucionado más allá del simple cálculo extractivo y la contabilidad de inventarios. Se orienta hoy hacia la identificación de patrones sistémicos: esa capacidad basada en ciencia y arraigo para interpretar el entorno, prever el curso de la naturaleza y mitigar los riesgos ambientales mucho antes de que las crisis se manifiesten plenamente.

En la actualidad, resuenan en el país propuestas como el relanzamiento del "Motor Forestal". Aunque los analistas lo reduzcan a frías métricas del PIB, a la recaudación fiscal o a la cuantificación de toneladas de pulpa  en las plantaciones ,es imperativo detenernos a comprender la esencia de lo que realmente estamos interviniendo. La economía, cuya raíz proviene del griego oikos (hogar), no debe ser un indicador trimestral desvinculado de la realidad biofísica de nuestras cuencas. Por el contrario, es un tejido profundo de intercambios dentro de una vivienda viva, dinámica y finita, nuestra Venezuela megadiversa, que depende estrictamente de la termodinámica solar y de los ciclos biológicos que sostienen la existencia nacional.

II. De la Sabiduría Forestal al Extravío Rentista Venezolano

La prosperidad de un bosque no emana de la extracción, sino de la reciprocidad. En las profundidades de la Amazonía, la Orinoquía y la Cordillera de la Costa, las redes micorrízicas operan como sistemas de distribución que ignoran nuestras categorías políticas de separación, fomentando una colaboración vital. Los llamados "árboles madre", según expone Suzanne Simard, actúan como pilares que sostienen la arquitectura del ecosistema en su totalidad.

Las estadísticas históricas de la FAO confirman que el país atravesó fases de extractivismo institucional agresivo entre 1980 y 1990, tratando a reservas forestales fundamentales   Ticoporo y Caparo como meros depósitos de madera. Esta degradación conceptual y física destruyó la conectividad ecológica, erosionó suelos........

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