¿Y cuando el maltrato animal es involuntario? El desafío para entender el síndrome del arca de Noé

El maltrato hacia los animales es, en México, un delito culposo sancionado con penas y multas que cambian de una entidad a otra, pero cuya comprensión exige una mirada más profunda y especializada. No siempre —advierten especialistas— el dolor infligido a un ser vivo nace de la intención consciente de hacer daño. En algunos casos, estas conductas se entrelazan con un trastorno mental conocido como síndrome del arca de Noé, propuesto recientemente como una variante del síndrome de Diógenes, ese cuadro marcado por la acumulación compulsiva, las condiciones insalubres y el aislamiento social. 

Quienes padecen este síndrome, entendido como la compulsión por acumular animales como perros, gatos, pájaros u otras mascotas, suelen actuar empujados por un vacío emocional persistente, por una soledad que busca llenarse, aun a costa del sufrimiento ajeno.

En el artículo 350 Bis del Código Penal de la Ciudad de México se establece, por ejemplo, que en caso de realizar actos de maltrato o crueldad en contra de algún ejemplar de cualquier especie causándole lesiones, daños o alteración en su salud, la persona será acreedora de uno a tres años de prisión y de 300 a 500 veces la unidad de medida y actualización (UMA) vigente. En tanto, a quien provoque la muerte se le impondrán de dos a seis años de cárcel y de 600 a 1,200 veces la UMA.   

De acuerdo con datos públicos de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) de la capital mexicana, de 2020 a 2025 se observa un aumento de las denuncias ciudadanas e investigaciones de oficio por maltrato animal al pasar de 488 a 3,876 registros. En el acumulado de 2026 —hasta la publicación de este texto— van 701 denuncias e investigaciones en conjunto, de las cuales 343 corresponden al maltrato, es decir, 50.29 % del total).

Especialistas consultados por El Sabueso argumentan que la ciencia de la salud mental demuestra que no todos los casos de maltrato animal tienen el mismo origen ni merecen la misma respuesta legal y terapéutica.

Para empezar, es imprescindible diferenciar los términos maltrato y crueldad. En 2024, al resolver un caso en la materia, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que el primero ocurre cuando una acción u omisión causa dolor o sufrimiento sin intención; mientras que en el segundo hay una voluntad de ocasionar  dolor, a veces buscando placer o beneficio.

“Distinguir entre un caso y otro nos permitirá actuar de mejor manera para proteger y defender a los animales, buscando justicia y penas adecuadas para quienes cometan delitos contra los animales”, refiere en un artículo Igualdad Animal México, una organización enfocada principalmente en la protección de los animales usados en la industria alimentaria.

Al preguntar a la organización si una persona diagnosticada con un trastorno mental, como el síndrome del arca de Noé, puede enfrentar una pena de prisión y una multa en caso de cometer maltrato animal, la organización respondió que, de manera general, “el hecho de que una condición esté reconocida en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales quinta edición (DSM-5) —la obra más completa y actualizada de la práctica clínica— no exime automáticamente de responsabilidad legal”.

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“En México, las sanciones por maltrato animal dependen de los códigos penales estatales y de la gravedad de los hechos. En algunos casos, pueden considerarse atenuantes o evaluaciones psicológicas, pero eso corresponde determinarlo a las autoridades judiciales”, respondió la organización vía correo electrónico a El Sabueso.

Para Hugo Sánchez Castillo, doctor en psicología de la UNAM y con líneas de investigación en estimación temporal y trastornos neurodegenerativos y de conducta, también se debe evaluar cada circunstancia de acuerdo con la salud mental.

“El descuido tiene que ver con la negligencia que produce el síndrome. La ley debe evaluar de manera individual estos casos”, dice en entrevista el especialista. Sin embargo, al haber pocas instituciones en el país con personal capacitado para atender el síndrome del arca de Noé, no hay cifras exactas de su incidencia hasta ahora. El académico reconoce que no existen estadísticas, pero algunos estudios estiman que esta afectación es padecida por 1 % de la población mundial.

“El problema con la estadística clínica, psiquiátrica y psicológica de nuestro país es que todavía la salud mental está muy limitada (…) Hasta el momento no nos han llegado casos con este síndrome, lo hemos abordado en función de las preguntas de los auditores, de lo que estudiamos en el laboratorio y lo observado, pero para un correcto diagnóstico la persona debe acercarse, sino estarías violando su derecho a la privacidad”, agrega.

En los últimos días, este síndrome generó conversación entre los usuarios a partir de una publicación de la UNAM, pero ¿cuál es su definición? En el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales quinta edición (DSM-5) —la obra más completa y actualizada de la práctica clínica— no aparece tal cual el concepto “síndrome del arca de Noé”, pero sí el de trastorno de acumulación, en donde algunos individuos viven en condiciones insanas que pueden ser consecuencia lógica de los espacios gravemente desordenados, que a su vez deriva en el síndrome de Diógenes —caracterizado por un descuido extremo del entorno, la salud e higiene, aislamiento social y la clara falta de preocupación o vergüenza por las condiciones de vida.

Más adelante, se menciona en el DSM-5 la acumulación de animales, que puede definirse como el cúmulo de un gran número de animales y una falta de estándares mínimos de nutrición, sanidad, atención veterinaria y de actuación sobre el empeoramiento de su situación (incluida la enfermedad, el hambre o la muerte) y del medioambiente (hacinamiento y condiciones extremadamente insalubres).

Pero la denominación “arca de Noé” es relativamente nueva. Un informe de 2022 de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM, por sus siglas en inglés) explica que la etimología de esta afección tuvo su primera aparición en 1981, cuando se presentaron ante la Sociedad Americana para la Prevención y la Crueldad hacia los Animales (ASPCA) más de 30 casos de tenencia múltiple de animales. Más tarde, en 1993, surgió el primer manuscrito sobre el trastorno de acumulación en la literatura psicológica.

Los relatos sobre el acaparamiento de animales han sido recurrentes en la cultura popular durante siglos, desde personajes como Noé —en el libro Génesis de la Biblia—, hasta un ejemplo más contemporáneo como Eleanor Abernathy, la “loca de los gatos” en la serie Los Simpsons.

En 2013, el DSM-5 abordó específicamente el acaparamiento de animales utilizando los criterios HARC (Identificación de Peligros y Control de Riesgos, en español); anteriormente no se consideraba un trastorno mental específico, lo que dificultaba que los sistemas judiciales exigieran tratamiento psiquiátrico en casos de acumuladores de animales.

—¿Existe un número de animales a partir del cual se considere la presencia del síndrome........

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