¿Qué pasó con la visita de Bad Bunny al Museo Nacional de Antropología? El INAH lo aclara

Entre conciertos multitudinarios y recorridos culturales, la visita de Bad Bunny a la Ciudad de México en diciembre de 2025 no pasó desapercibida. Más allá del escenario, una parada en uno de los museos más importantes del país colocó al cantante en el centro de una discusión sobre patrimonio, reglas y privilegios. Te contamos.

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El cantante puertorriqueño llegó a la capital mexicana como parte del cierre de su gira Debí tirar más fotos, que concluyó el 21 de diciembre en el Estadio GNP Seguros.

En esos días, Bad Bunny aprovechó para recorrer la ciudad y compartir momentos de su estancia a través de redes sociales, entre ellos una visita al Museo Nacional de Antropología.

Fue el propio artista quien subió a sus historias de Instagram imágenes de su recorrido por el museo. En una de ellas se le ve tocando una estela maya que se encuentra exhibida sin protección visible.

La imagen se viralizó rápidamente y abrió un debate en redes: algunos usuarios señalaron que se trataba de una réplica, otros criticaron que a una figura internacional se le permitiera lo que al público general no.

Ante la controversia, el Instituto Nacional de Antropología e Historia aclaró los hechos.

Según el INAH, la visita se realizó el miércoles 17 de diciembre y durante todo el recorrido Bad Bunny estuvo acompañado por personal de custodia del museo. Cuando el cantante colocó la mano sobre la estela, el personal le recordó que no estaba permitido tocar las piezas, a lo que el músico respondió retirando la mano de inmediato.

El instituto reiteró que el contacto físico con bienes arqueológicos está prohibido, aunque no precisó si la pieza en cuestión era original o una réplica. La aclaración calmó parcialmente la discusión, pero dejó abierta la conversación sobre la protección del patrimonio y el trato a visitantes famosos.

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Para mi 40 cumpleaños, les pedí a mis amigos y familiares un regalo: fotos mías de mis veintipocos. Mi colección de fotos de esa época —aproximadamente de 2005 a 2010— es terriblemente escasa.

Hay un espacio en blanco entre mis álbumes de fotos impresas de la universidad y mi carpeta de Dropbox con las instantáneas de mis primeros años como madre. Lo único que pude encontrar de aquellos años fue un puñado de fotos de baja resolución de mí en un bar haciendo algo raro con las manos.

¿Y el resto? Quedaron atrás debido a una computadora muerta, cuentas de correo electrónico y redes sociales inactivas y un mar de pequeñas tarjetas de memoria y memorias USB perdidas en el caos de múltiples mudanzas internacionales. Es como si mis recuerdos no fueran más que un sueño.

Resulta que no soy la única. A principios de la década de los 2000, el mundo experimentó una transición repentina y drástica de la fotografía analógica a la digital, pero tardó un tiempo en encontrar un almacenamiento fácil y fiable para todos esos nuevos archivos.

Hoy en día, tu smartphone puede enviar copias de seguridad de tus fotos a la nube en cuanto las tomas. Muchas fotos capturadas durante la primera ola de cámaras digitales no tuvieron la misma suerte. A medida que la gente cambiaba de dispositivo y los servicios digitales prosperaban y decaían, millones de fotos desaparecieron en el proceso.

Hay un agujero negro en el registro fotográfico que se extiende por toda nuestra sociedad. Si tenías una cámara digital en aquel entonces, es muy probable que muchas de tus fotos se perdieran al dejar de usarla.

Incluso ahora, los archivos digitales son mucho menos permanentes de lo que parecen. Pero si tomas las medidas adecuadas, no es demasiado tarde para proteger tus nuevas fotos del mismo olvido.

Este año se celebra el 50º aniversario de la fotografía digital. La primera cámara digital era un dispositivo descomunal y poco práctico que parecía más bien una “tostadora con........

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