Xoco bajo asedio: el testimonio de un pueblo originario frente a la gentrificación y violencia

En San Sebastián Xoco, pueblo originario de la alcaldía Benito Juárez, la gentrificación se manifiesta en una serie de violencias cotidianas que, de acuerdo con sus habitantes, buscan hacer inviable su permanencia en el territorio.

El encarecimiento de la vida, las agresiones vecinales, la precarización de los servicios y la violencia institucional forman parte de un proceso que comenzó con la llegada de megaproyectos inmobiliarios como Mitikah.

Todo lo aumentan: el predial, el agua, la vida. Entonces, ¿qué es lo que quieren? Que nos vayamos, expulsarnos a las orillas de la ciudad”, reflexionan en entrevista con Animal Político integrantes de la Asamblea Ciudadana del Pueblo de Xoco. “Y que nosotros hagamos lo mismo con quienes viven allá, para que se vayan todavía más lejos, a otros estados”.

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La resistencia del pueblo está encabezada principalmente por mujeres adultas mayores, quienes han asumido la defensa del territorio frente a un proceso que, aseguran, no solo transforma el espacio urbano, sino que altera de manera directa sus condiciones de vida. Aunque sus familias respetan su lucha, muchas veces no la aprueban del todo por los riesgos que implica.

Uno de los efectos más visibles de la gentrificación en Xoco es el aumento de agresiones vecinales asociadas a la llegada de residentes a los desarrollos habitacionales de lujo. Quienes viven frente a torres como City Towers relatan ataques constantes.

Avientan huevos, botellas… me han roto tejas… te gritan cosas”, denuncia una vecina. En otras ocasiones, dicen, lanzan basura, envases de vidrio, celulares o botellas de cerveza.

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Durante las fiestas tradicionales, la hostilidad se intensifica. “A las procesiones de las celebraciones patronales les han aventado agua, huevo, basura”.

En otro punto del pueblo, entre la Cineteca Nacional y la zona de oficinas, denuncian que han arrojado piedras e incluso sillas desde los edificios, rompiendo láminas de viviendas.

Cuando intentan denunciar estos hechos, las respuestas institucionales resultan insuficientes. Una vecina relata que en el Ministerio Público le exigieron identificar con nombre y departamento exacto a la persona que arrojó los objetos como condición para proceder.

A las agresiones directas se suma el encarecimiento generalizado del costo de vida, que afecta principalmente a los habitantes originarios del pueblo.

“Sí, todo subió. Todo. Ahora nosotras tenemos que salir del barrio para comprar, porque aquí ya no alcanza. Yo voy al mercado Escuadrón 201 o al de Aztecas, porque ahí es más barato. Aquí ya no puedo comprar: dos zanahorias cuestan 10 pesos, es carísimo”.

Comer fuera también se volvió inaccesible. “Si vas a una fonda, la orden ya pasa de 150 pesos. En las plazas comerciales, por lo menos necesitas entre........

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