María Corina y los chavistas |
Venezuela es un artefacto político enredado adrede: una arquitectura de nudos donde cada intento de comprensión tropieza con otro hilo oculto. No es lana: es fibra de poder, fracturas históricas, silencios administrados, instituciones vaciadas y una ciudadanía que respira en un ecosistema donde nada significa exactamente lo que dice. Una madeja política y sentimental: cada hilo atado a un conflicto, una promesa rota, un pacto incumplido. Entenderla exige desmontar ficciones y la narrativa oficial que intenta convertir la excepción en normalidad.
En el centro está la presidente encargada, en un performance que revela más de lo que oculta. Su gesto más llamativo es intentar parecerse a María Corina, por absurda que resulte la imitación y por evidente que sea la distancia entre la legitimidad que nace de la calle y la que se fabrica desde el aparato. Ese gesto es político: admite que su poder necesita apropiarse de símbolos ajenos y requiere de Estados Unidos para sostenerse.
Intenta replicar un liderazgo que no nació en un despacho, sino en un país fracturado que buscaba una voz firme. Ella intenta copiarlo desde el control institucional y la maquinaria comunicacional. Es un intento de transferencia simbólica: si adopto el tono, si imito la firmeza, quizá olviden el origen de mi poder. Es........