Niño estrábico con lentes

Mi primer recuerdo es el de una mañana de mucho sol. Debo tener tres años. En el corredor de la casa la Mercedes Alvarado, la muchacha que ayuda a mi madre en todo, me alza de la batea donde me ha bañado, y me deposita sobre la tapa de la máquina de coser. Me seca, me envuelve en una sábana, y se va a botar el agua jabonosa sobre las plantas del patio.

Pero mientras se aleja veo que una imagen suya, más débil, comienza a desprenderse hacia un lado desde la principal, como si fuera un fantasma que emana de su cuerpo, o un holograma, y luego la estoy viendo dos veces. Veo dos veces su trenza gorda y brillante que le cae a un lado del cuello. Así recordaré a partir de entonces las imágenes de las personas y de las cosas, sin extrañeza. Ver doble es lo natural para mí, y no sé que no se pueda ver de otra manera.

No fue hasta mis diez años que la misma Mercedes Alvarado descubrió que yo no veía bien con mi ojo izquierdo porque me golpeaba con obstáculos al caminar, y se lo advirtió a mi madre. Nadie había hecho cuentas de que un niño bizco, como yo era, podía tener defectos serios en la visión. Se burlaban de mí los otros niños, por lo de bizco, asunto que entró en la........

© Analítica