Episodio I: Tengo sed de Dios

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
así clama por ti, oh Dios, el alma mía.Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” Salmo 42:1-2 (RVR1960).

De la misma manera que Dios dotó al ser humano con la sed física, como un mecanismo de supervivencia, para que buscara el agua, sin la cual moriríamos; así también Dios creó al ser humano con sed espiritual, una sed que se traduce como un anhelo que va mucho más allá de lo que nuestra mirada puede alcanzar. Un anhelo que pocos pueden definir pero que se expresa en una enorme insatisfacción del alma, a pesar de todos los logros alcanzados. Sin saberlo, el ser humano experimenta, literalmente, sed por por tener comunión con su Creador. Es como si el corazón humano estuviera hecho con la medida de un molde que solo puede llenarse en conexión con Dios.

Dependiendo de la edad, el ser humano tiene en su composición corporal entre un 50-70% de agua. Cuando el cuerpo la pierde por sudor, a través de la respiración, al orinar, al hacer las actividades propias de cada día, etc. la concentración de sales aumenta, entonces los centinelas de la sed, unas células llamadas Osmorreceptores que se encuentran en el Hipotálamo, detectan los cambios de concentración y envían una señal al cerebro el cual hace que sientas sed. Si no tomas agua el hipotálamo envía una señal a los riñones para que retengan agua a través de una hormona llamada........

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