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El cristianismo se define en el corazón

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26.04.2026

En la actualidad vivimos en una cultura inmersa en el mundo de la imagen, la apariencia, la reputación, la validación, los discursos correctos y otros tantos aspectos que están abocados a lo externo, a aquello que el ojo humano juzga. Además, muchos pretenden darle a su vida espiritual un carácter externo. Así como juzgar la de otros por lo que el ojo mira. Sin embargo, cuando hablamos de cristianismo entendemos que Jesús nos enseñó que, con Dios, todo se define en el corazón; porque la vida cristiana no se trata de tomar un curso y adquirir ciertas habilidades. Por el contrario, es un proceso que toma la vida entera. Somos una obra en construcción; el Espíritu Santo constantemente está trabajando en nuestro corazón. Y es maravilloso saber lo que dice el apóstol Pablo al respecto: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” II Corintios 3:18.

El corazón, en el lenguaje bíblico, representa mucho más allá de los sentimientos y las emociones. Allí convergen los pensamientos, las motivaciones, los deseos, la consciencia y la voluntad. Es el centro invisible desde donde nacen las decisiones y actitudes que finalmente terminan modelando la vida. Por eso Jesús dijo:“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Mateo 5:8. Y un corazón limpio es aquel que se acerca a Dios, cada día, con verdadero arrepentimiento por sus obras y sus pensamientos alejados de Su amor. Como lo expresó David en el Salmo 51:17. “… Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Esta pureza no significa perfección ni tampoco ausencia de lucha; significa transparencia, coherencia interior, deseo genuino de........

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