Una vida trepidante: Theodore Roosevelt I

Antes de Roosevelt, la presidencia estadounidense era relativamente pasiva. Después de Roosevelt, el presidente se convirtió en figura dominante de la  política nacional e internacional _*Análisis político*

*Hoy quiero contarles un viaje fabulado en el que conocí y compartí vida con el Presidente 26 de los EEUU: Theodore Roosevelt.* Un hombre, un líder, un estadista maravilloso, cuya debilidad congénita, la falta de aire en sus pulmones y las más dolorosas pérdidas que puede sufrir un ser humano, no le impidieron convertirse en un fajador, un alma errante—apasionada, fascinante e inquebrantable—que refundó los EE.UU de América.

*Conocí a Theodore Roosevelt cuando todavía él era un muchacho frágil que parecía condenado a vivir entre almohadas, libros y ataques de asma. Esta es la historia de mis vivencias compartidas en un viaje imaginario al pasado que explica fascinantemente el presente y el futuro*. 

De como los ejemplos de los hombres irrepetibles, hacen historia, hacen grandeza, hacen patria.

Recuerdo [a Roosevelt] en aquella casa de Manhattan, en la calle 20 Este, donde el aire de Nueva York se mezclaba con el olor a cuero de encuadernaciones antiguas y remedios. Nadie hubiese imaginado que aquel niño de pecho oprimido y ojos encendidos se convertiría algún día en Theodore Roosevelt, el hombre que cambiaría la relación de EEUU con el mundo y que transformaría la presidencia en una institución vigorosa, magnánima, casi imperial.

*1865. Muere Lincoln y la luz se va de tu vida…*

Lo observé por primera vez una noche de invierno. Tenía apenas unos años y luchaba desesperadamente por respirar mientras su padre, Theodore Roosevelt Sr., lo sostenía en brazos cerca de una ventana abierta. El muchacho jadeaba como si estuviera peleando contra un enemigo invisible. *Aquella enfermedad, lejos de derrotarlo, fue la forja de su carácter. Su padre le repetía: “Tienes la mente, pero no el cuerpo; debes construirlo”*.

Y Teddy, como lo llamarían después millones de estadounidenses, decidió obedecer. Desde entonces comenzó la batalla más importante de su vida: la guerra contra su propia debilidad.

Vi cómo ’hacia sombras’ en un pequeño gimnasio improvisado de su casa. Como aprendió boxeo para dejar de ser el niño enfermizo que otros muchachos golpeaban. Como transformó la fatiga en combustible, el sufrimiento en disciplina, la disciplina en voluntad, que fue carácter y determinación. Aquella obstinación sería el sello de toda su existencia.

Era un niño extraordinariamente curioso. Mientras otros coleccionaban juguetes, él coleccionaba huesos, insectos y aves disecadas. Fundó junto a sus hermanos el pequeño “Museo Roosevelt de Historia Natural”, donde clasificaba animales con la precisión de un científico y la pasión de un aventurero. Su fascinación por la naturaleza no era una extravagancia infantil. Fue el origen de una visión que más tarde lo llevaría a convertirse en el gran conservacionista de América. Años después, siendo presidente, esa misma pasión salvaría millones de acres de bosques y parques nacionales.

*En 1865 presenciamos desde la ventana de su casa—junto a su hermano Elliott—la caravana fúnebre de Abraham Lincoln. Su asesinato estremecía al país. Más de cien mil almas concurrieron a darle el último adiós. Una cifra inmensa para la época. Había muerto en manos del crimen el Presidente 16 de los EEUU. Quién hubiese pensado que desde aquella ventana de una mañana nublada y lúgubre, observaba conmocionado el futuro Presidente 26 de EEUU. Aquella imagen nunca se apartó de su mente*.

Entró en Harvard University como un joven brillante, intenso y obsesionado por el conocimiento. Allí devoraba libros con una velocidad........

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