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Ella eligió bien… gracias

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18.03.2026

Esta es la crónica de una mujer que decidió enfrentar su tiempo para que un país pudiera reencontrarse con su libertad, con su identidad.

Y en la noche más oscura decidió lanzarse al mar y aventurarse la vida por un valor superior a ella: el amor por su gente. Ya lo escribió Víctor Hugo en Les Misérables: “Ser libre no es sólo romper las cadenas del opresor; es vivir respetando y promoviendo la libertad de los demás. Y Dios se hizo presente en su conciencia…que la iluminó en medio de la resaca y la tempestad.

Hay momentos en la historia de los pueblos que la política deja de ser una competencia, una reflexión posibilista, un simple ejercicio de poder y se convierte en algo mucho más profundo: la razón al servicio de la libertad [Dixit Arendt] que impulsa una decisión moral: una acción íntima de desprendimiento, que se hace hábito, carácter y destino. En ese momento el futuro y la política pertenecen más a los corazones que a las espaldas…

La historia que hoy se cuenta es la de una mujer que un día decidió no mirar hacia otro lado. Una santa guerrera

Es en esos momentos aparecen personas—que sin proponérselo—terminan representando algo más grande que ellas mismas. No buscan necesariamente convertirse en símbolos, pero las circunstancias las empujan hacia ese lugar donde las acciones personales se vuelven carácter y conciencia colectiva. Y deciden positivamente, noblemente, dignamente, logrando el milagro de la virtud: cambiar la noche en amanecer.

Pudo haber tenido una vida distinta. Había estudiado, había trabajado, había construido una familia y un espacio propio tratando de encontrar su propio camino. Por la paz y la tranquilidad de sus hijos, adoptó a todos los hijos de la patria, ampliando su pecho no sólo a sus vástagos sino a todos aquellos cubiertos con el rostro de Dios. Su presencia se ancló en su espíritu y el país cambió.

La promesa de justicia social que había seducido a muchos terminó derivando en una concentración de poder que comenzó a transformar [liquidar] las instituciones, el lenguaje político y la vida cotidiana. Porque la justicia sin compasión es tiranía. El debate público se volvió agresivo, las diferencias se convirtieron en sospechas y la política dividió familias, amigos y comunidades. Y amaneció de golpe, de sombra, violencia y polarización. Ella elegía enfrentar esa tempestad.

Sintió que la distancia ya no era una opción, despertando su herencia guerrera, esa Venezuela Heroica que lleva en su linaje. Eligió bien. Se negó aceptar la resignación y la humillación como destino.

Elegir en momentos silenciosos

En la vida de las naciones—como en la vida de las personas—existen instantes silenciosos que cambian el curso de todo […] Para ella ese instante llegó cuando comprendió que la defensa de la democracia no podía limitarse a opiniones o conversaciones de sobremesa. Había que actuar. Había que organizarse. Había que empoderar a un pueblo indefenso para defender sus derechos, elegir y ser escuchado. Ella decidió derrotar el mito del pueblo manso, desunido y dominado. Eligió remolinar, inspirar y reeducar a un país.

Permutar miedo por oportunidad, debilidad por porvenir, oscuridad por despertar. Sanear el odio acumulado con amor, inclusión y redención. Porque redimir es derrotar la ignorancia que siembra resentimientos y odios. Así lanzó un nuevo proceso de liberación que contagió de ciudadanía y dignidad.

Nace una iniciativa cívica que con el tiempo, se ha convertido en un movimiento ciudadano influyente y........

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