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A dos meses de la extracción. Analisis

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04.03.2026

La operación para capturar a Nicolás Maduro [3/01/2026] no fue un episodio aislado ni una decisión táctica menor.  Fue el resultado de meses de presión militar, económica y legal que culminaron en una acción de enorme impacto global. El presidente de EEUU—Donald Trump—presentó el operativo como parte de una doctrina de intervención definida, más allá de la lucha contra el narcotráfico que implica restaurar el orden democrático, sancionar a lo que él denominó “narco-carteles estatales” y reconectar a Venezuela con el respeto a la ley y la soberanía popular. 

Este ensayo analiza por qué ese evento es un parteaguas en la política exterior estadounidense del siglo XXI, cómo reconfigura expectativas de cumplimiento para regímenes autoritarios y qué implicaciones tiene en términos de transición política, reconstrucción económica, autoridad institucional y desafíos políticos. Irán, no se queda atrás… 

Un Parteaguas: La incursión, el Enforcement, la espada de Damocles. 

Históricamente EEUU ha oscilado entre enfoques multilateralistas y unilateralistas en política exterior. La intervención de 1898 en Cuba, la Doctrina Roosevelt en América Latina (siglo XX), y la política hacia el Medio Oriente en 2003, son hitos donde Washington usó la fuerza o la presión para recalibrar regímenes que percibía como amenazas. 

Sin embargo, en el caso de Venezuela, estamos ante un nuevo paradigma mixto: i.- Uso de Fuerza Militar Directa y legitimación policial: La captura de Maduro fue formalizada por un operativo con apoyo militar pero anunciado como un acto judicial y de enforcement. […]ii.-Justificación Multivectorial: Se presentaron tres narrativas: combate al narcotráfico, protección de la seguridad hemisférica y restauración de un proceso democrático vulnerado por Maduro. […] iii.-Creación de un “Espíritu de Compliance” (Cumplimiento Obligatorio): El mensaje es que los regímenes autoritarios son responsables penalmente no sólo por violaciones internas, sino por su impacto transnacional, estableciendo un precedente donde líderes pueden enfrentar consecuencias extraterritoriales. 

La captura de Maduro simboliza esta “Espada de Damocles” bajo otros líderes autoritarios, contemplando que obedecer normas globales puede ser la única opción viable para evitar sanciones, capturas u otras acciones coercitivas.

En palabras de Trump [State of the Union] se trata de proyectar una política exterior donde la obediencia a estándares legales y democráticos deja de ser opcional y pasa a ser una condición para la coexistencia internacional normalizada […] Aunque esta lógica es profundamente polémica en foros académicos y de derecho internacional, desde el punto de vista estratégico es un cambio radical respecto a la política estadounidense de las últimas décadas y es una aplicación directa de la legítima defensa internacional. 

Una Historia de Transiciones Tuteladas.

Para entender lo que ocurre en Venezuela es útil mirar ejemplos históricos donde potencias hegemónicas han orquestado o apoyado transiciones bajo su supervisión—a menudo denominadas “transiciones tuteladas” (tuteladas por una potencia externa).

En la Alemania Post-Segunda Guerra Mundial tras la derrota nazi, [Alemania] fue administrada por las potencias aliadas antes de la creación de la República Federal y Democrática. La autoridad se centró en: Desmilitarización, denazificación y reinstauración de instituciones democráticas Aunque en un contexto de guerra total [Dixit Joseph Goebbels], este ejemplo ilustra cómo el poder exterior puede controlar la transición política y social de un país derrotado sin abolir su identidad. 

La no ruptura con el régimen imperante—lo cual genera un elemento diferenciador en escaso Venezuela—no supone una claudicación absoluta. El control por parte del Estado Tutelar se relativiza........

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