La increíble hazaña de dos scouts venezolanos: caminaron desde Caracas a Washington D.C. |
A Carlos David Villasmil Delgado y Ali Palacios,cuya disciplina silenciosa y lealtad a la Promesa Scoutson faro para las generaciones que vienen.A ellos, que entienden que servir es un honory perseverar es un deber.
Era una fría mañana del 11 de enero de 1935 cuando tres jóvenes scouts se presentaron en la Plaza Bolívar de Caracas, listos para emprender un viaje que nadie en su tiempo podía imaginar. Rafael Ángel Petit, de la Tropa San Sebastián N° 1; Juan Carmona, español de nacimiento, pero formado en Venezuela; y el libanés Jaime Roll.
Sus mochilas cargaban lo mínimo indispensable. En los bolsillos apenas cinco bolívares. En la mente, una sentencia que no admitía retrocesos: “Llegaremos a Washington o moriremos con gusto”.
El raid pedestre Caracas–Washington, promovido por la Asociación de Cronistas Deportivos, no era una excursión juvenil. Era una declaración de ambición continental. El escultismo venezolano, entonces en expansión, veía en ellos disciplina, resistencia y un espíritu de aventura moldeado en campamentos, marchas y pruebas de carácter. Lo que comenzó como una salida simbólica se transformó en una travesía que duraría más de dos años y medio.
Cruzar Venezuela era apenas el prólogo
La primera batalla fue el propio territorio. Los tres andarines avanzaron por la misma ruta que Petit había recorrido en 1933 durante la gira Maracaibo–Caracas. Descendieron por Los Teques y La Victoria, atravesaron Maracay y Valencia, bordearon El Palito y cruzaron San Felipe y Urachiche hasta llegar a Barquisimeto y Carora. Luego vino la verdadera prueba: el ascenso andino.
Trujillo, Valera, Alto del Páramo, Cachopo, Mérida, Tabay, Tobar Santa Cruz y Bailadores fueron estaciones de esfuerzo. Después, La Grita, El Cobre, Palo Grande y Colón; más adelante La Fría, El Guayabo, El Palmiro y San Cristóbal. Finalmente alcanzaron San Antonio del Táchira, última frontera venezolana.
Setenta y nueve días después de salir de Caracas, el 31 de marzo de 1935, los tres cruzaron el puente internacional Simón Bolívar rumbo a San Gil, Colombia. No era una meta alcanzada. Era el verdadero inicio.
Pero las grandes travesías no se fracturan por montañas sino por convicciones. A pocos kilómetros de Bogotá estalló el conflicto. Carmona, consciente de sus raíces españolas, aspiraba a que la hazaña trascendiera también hacia su país de origen. Petit fue categórico: vestían el uniforme de la Federación de Boy Scouts de Venezuela; la proeza debía ser venezolana.
La discusión escaló. Fue una grieta. Carmona decidió separarse y avanzar solo, llegando primero a Bogotá el 12 de mayo de 1935.
En la capital colombiana, Jaime Roll también optó por detener su marcha, afectado por los pleitos surgidos entre Bucaramanga y Bogotá. La expedición quedaba reducida a uno.
Petit solicitó instrucciones al teniente Leal Bracho. La respuesta fue escueta: “Recibido. Regrese a ésta. Familia bien. Cuerpo salúdalo. Miguel Ángel Leal B.”
La orden implicaba volver. Petit respondió con algo más fuerte que la obediencia:
“Hasta hoy sus consejos y órdenes han sido cumplidos al pie de la letra. Pero en esta ocasión, el caso cambia de aspecto. Va en ello no solamente mi honor, sino el de mi familia, el de mi patria para la que quiero cosechar glorias deportivas y el Cuerpo de Boy Scouts de Venezuela, que ha depositado, con la A.C.D. (Asociación de Cronistas Deportivos) de Caracas su confianza en........